Diego Maradona cumplió 60 años el 30 de octubre y ese mismo día volvió el fútbol argentino después de casi siete meses. Al entrenador de Gimnasia lo arrastraron a un homenaje innecesario para resaltar “el producto” y a sus patrocinadores. No fue la continuidad de la suspendida Copa de la Superliga, que se dio por finalizada, sino el inicio de un torneo nuevo, con un sorteo previo vergonzoso y un formato tan poco claro como atractivo. Y, además, con los hinchas gritándoles a los televisores en sus casas.
Diego Maradona murió el 25 de noviembre menos de un mes después de cumplir 60 años y ese mismo día se murió una parte del fútbol argentino. Muchos millones de compatriotas sintieron que se les escurrió la infancia. Y un país entero lloró al mito que desde hace tiempo ya era inmortal. Todavía con los ojos rojos por la partida del Pelusa, trece días después se murió Alejandro Sabella, el sucesor de Maradona como técnico argentino en un Mundial y un caballero del fútbol respetado y admirado.
El fútbol argentino esconde su dolor y sus miserias puertas adentro. Se maquilla las ojeras con orgullo y con coraje para salir de casa y andar sonriendo por el continente. Así, Boca y River cierran el año entre los semifinalistas de la Copa Libertadores y Vélez, Lanús y Defensa y Justicia están entre los cuatro mejores de la Sudamericana.
Nadie imaginó que la principal afectación del deporte argentino en 2020 no sería la pandemia de coronavirus. No bastaron tres días de duelo ni alcanzará toda una cuarentena de dolor porque no hay vacuna que pueda curar la pérdida del ídolo más popular de la historia de este suelo.