La transformación no solo fue espiritual, sino también física y económica, Valeria y su marido, Hernán “Chino” Keen, padre de sus dos hijas, decidieron dar un salto al vacío: abrir un búnker de entrenamiento extremo en el corazón de Ingeniero Maschwitz. Abandonó su carrera como tripulante de cabina y se recluyó en un gimnasio de Crossfit donde el sudor, el esfuerzo bruto y la disciplina militar reemplazaron a las reuniones de producción. Hoy, a los 40 años, la heredera de Repetto ha esculpido un cuerpo de acero.
Actualmente, instalada en Escobar, coordina su vida familiar con la intensidad de una atleta de élite, habiendo logrado incluso podios en los torneos más brutales de la región, como el Southfit. Mientras su hermana Juana y su padre siguen bajo la lupa mediática, Valeria ha construido una fortaleza de bienestar donde el apellido ya no es un peso, sino una anécdota del pasado.