El exfutbolista de Real Madrid y Bayern Münich era declarado maoísta, es decir, seguidor de Mao Zeodong, político y máximo dirigente del Partido Comunista chino y fundador de la República Popular China. Además, Breitner era intenso lector de las páginas marxistas.
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El alemán y su afiche de Mao.
El alemán y su afiche de Mao.
Al mismo tiempo que era futbolista profesional, también trabajaba y estudiaba. Entre sus 20 y 23 años fue asistente en un centro de jubilados. Estudió psicología, filosofía y pedagogía para minusválidos: "Tuve que interrumpir los estudios cuando me fui a Madrid", aseveró en una entrevista el hombre al que le gustaba leer en latín y en griego a los filósofos clásicos.
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Breitner en el Merengue.
Breitner en el Merengue.
Según él, fue el primer lateral creativo. Esto significaba una ampliación de derechos para los marcadores de punta, que hasta ese momento eran reducidos a tipos toscos y poco relevantes. Obedeciendo a su ideología se negó a jugar el Mundial de Argentina '78 por la presencia de la dictadura. No conforme con eso, criticó públicamente a sus compañeros por haber aceptado disputar la competencia de fútbol más importante. Cabe recordar que Alemania era el actual campeón.
También por obediencia a sus principios, nunca denunció las faltas a los derechos humanos que se cometían en los países comunistas. Breitner era un marxista que sabía que la contradicción es el combustible de las cosas.
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Su famoso penal en 1974.
Su famoso penal en 1974.
En su libro inédito “El fútbol y la revolución” (1992) sostiene que "en el capitalismo, el deporte es una recreación de la guerra, donde los rivales se odian, donde el éxito propio es inversamente proporcional con la desgracia ajena, y la dominación y el sometimiento al prójimo es un lugar a llegar".
Allí también advierte que se da una igualación ficticia en las hinchadas, donde personas de clases diferentes se enarbolan detrás de una bandera. Promediando el libro, Paul esboza con cierta tristeza que en un país comunista el fútbol no podría existir, dado que el comunismo tiene a la justicia como un valor central, y el fútbol es también una apología de la injusticia, donde no siempre gana el equipo que mejor juega.
China, Cuba y Rusia, los exponentes del comunismo en la época que Paul era futbolista, seguían parcialmente esta interpretación: tenían equipos de fútbol, jugaban al fútbol, pero lo hacían (y lo hacen) decididamente mal. Queda la sospecha si era por el influjo de sus posturas políticas y filosóficas o por un tema meramente motriz.
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Sus apodos, según Wikipedia: El Afro del Fútbol, El Abisinio, El Kaiser Rojo, El Maoísta, Der Afro.
Sus apodos, según Wikipedia: El Afro del Fútbol, El Abisinio, El Kaiser Rojo, El Maoísta, Der Afro.
En un mundo sin explotación del hombre por el hombre, el fútbol no puede existir, porque se trataría de empatar, se penarían las individualidades, las gambetas, los caños y los sombreros. Paul confiaba plenamente que las ideas comunistas eran superiores para organizar la sociedad, sin embargo, las consideraba inaplicables.
Paul Breitner tiene 68 años, una exesposa y tres hijos, uno de ellos llamado Max. Todos los lunes, recibe el tabaco que durante la semana fumará en su pipa comprada en Madrid.
Colaboración: Saúl "Salmuera" Salinas