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Superfinal en Madrid: sospechas mutuas, rencor y hasta sed de venganza en el escenario menos sensato

por Hugo Balassone | 04 de diciembre de 2018 - 05:29
Superfinal en Madrid: sospechas mutuas, rencor y hasta sed de venganza en el escenario menos sensato

Cualquier opción hubiera sido más sensata. Y más barata que Madrid. Se ha elegido una sede para privilegiar a los ricos. Esos capaces de organizar un viaje a España de un día para otro. Pero casi nunca se piensa en el arraigo popular que tienen los más grandes de la Argentina.

Cambiaremos cuando empecemos por respetarnos. Ni la AFA, ni River, ni Boca pudieron impedirlo. Mientras manifestaban disconformidad por los fallos de la Conmebol sin el propósito que pretendían, diseñaban hasta el menú que iban a preferir en toda la semana en la ya fría Madrid.

Ilusos aquellos que pensaron en un gesto altruista de ambas dirigencias. Claramente, y más aún desde el sábado caótico, se sospechan mutuamente.

River cree que todo estuvo armado, que fue víctima de un complot desde las fuerzas de seguridad. La expuesta negligencia de estos les huele a interna de las distintas policías. Y hasta algunos, ya mal pensados, se animan a ir más allá dudando de la veracidad de la lesión de Pablo Pérez.

También Boca sospecha. De la Conmebol y del árbitro. Muchos atan este episodio a aquel del 2015 y creen que el fallo no guardo justicia. Y que las presiones recibidas para jugar aquel sábado son producto de una institución poco amigable con Boca. Y hasta desde las internas del plantel, y por esas cuestiones de inteligencia poco comprobable, aventuran que Cunha podría perjudicarlos. Nadie en esta estrategia de condicionar le pedirá disculpas al árbitro uruguayo si su arbitraje no deja margen para ser suspicaz.

Estas sospechas de ambos, con el grado de precisión o disparate que puedan tener, dejan traslucir la desconfianza, el rencor, y hasta la sed de venganza.

En medio de esa ceguera, todo debía terminar de este modo, muy mal. Si se entiende que la final no tendrá los aromas ni el morbo de poder ver a River consagrarse en el Monumental o a Boca alzando la Copa en la casa de su rival eterno.

Desde el punto en que River se convence de que no debió caberle ningún tipo de sanción, y desde el otro extremo Boca pide que lo consagren y que a River poco menos que lo expulsen de la FIFA, no hay matices posibles. No lo conciben ni sus hinchas ni (lo que es peor) sus dirigentes.

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