Los vinos blancos y rosados tienen que ser de la última cosecha que se está vendiendo. "O sea, ahora que estamos en 2019 deberían ser del 2018. Las añadas empiezan en julio o agosto, así que a partir de esos meses del 2019 se deberían empezar a conseguir los de este año". Emile dice que como estos son vinos más sensibles tienen una rotación anual más baja, entonces se deberían consumir dentro del mismo año de producción.
Además, lo ideal es que los blancos estén un poco más fríos, a temperatura heladera. Y el tinto se puede tomar más cerca de los 15° o 16°. "No se toma a temperatura ambiente como se dice, porque esa temperatura es relativa. Lo que sí: estaría bueno es que la gente se anime a pedir la famosa frapera con hielo. Porque si a vos el tinto te gusta frío y no le querés poner hielo, la forma de enfriarlo puede ser ponerlo en un balde con hielo".
Para el enólogo, a cada uno el vino le gusta de una forma distinta y eso es totalmente subjetivo. La idea es que cada uno lo disfrute como más le guste.
"Hay una regla general para cada variedad de uva. El malbec tiene más sabor a frutas rojas: ciruela, frutilla, frambuesa, hasta durazno. El cabernet va más para el lado de lo especiado: un pimiento morrón verde, rojo, la paprika, y también pimienta blanca y negra", explica el enólogo. Además, cuenta que los vinos del año tienen poco o nada de paso por madera, mientras que mientras más subís en la escala de precios más se siente el sabor a madera.