Prevost, en 2014, recibe el doctorado Honoris Causa antes de ser Papa, en la Universidad de Villanova, en la que se recibió de matemático. (Foto: Gentileza U. de Villanova)
Su formación no se limitó a los estudios eclesiásticos. El interés por la lógica y el razonamiento matemático formó parte de su recorrido académico antes de que asumiera responsabilidades cada vez mayores dentro de la Iglesia.
Ese dato adquirió una dimensión particular después del cónclave de mayo de 2025. La llegada de un pontífice con formación en ciencias exactas abrió interrogantes sobre cómo conviven el pensamiento racional, la espiritualidad y la búsqueda de respuestas a los grandes interrogantes de la humanidad.
Robert Prevost, en su adolescencia en una escuela secundaria de Michigan. (Foto: A24.com)
De profesor de Matemática a sacerdote: la otra vida de León XIV
Prevost también tuvo experiencia docente. Durante sus primeros años de formación religiosa en Chicago, combinó sus estudios teológicos con actividades vinculadas a la enseñanza. Esto lo ayudo a costear su formación en el seminario, dando clases de matemática.
Su trayectoria posterior lo llevó a desarrollar una extensa labor pastoral, especialmente en Perú, donde trabajó durante años y llegó a ser obispo de Chiclayo. En más de una oportunidad ayudó a los jóvenes con sus problemas con una materia o asignación que suele dar bastantes dolores de cabeza. Allí construyó una relación estrecha con las comunidades locales antes de asumir responsabilidades de alcance internacional dentro de la Iglesia. Su perfil académico constituye una particularidad dentro de la historia reciente del Vaticano.
Antes de ser Papa, fue profesor de matemática. (foto: A24.com)
¿Por qué lo llaman el "Papa Pi"?
La formación científica de León XIV también despertó comentarios en el ámbito académico. El apodo "Papa Pi", juega con el número matemático π, conocido por su valor aproximado de 3,14, y busca destacar el vínculo entre su título universitario y su nuevo papel como líder de la Iglesia católica.
La curiosidad va más allá de una anécdota. La relación entre ciencia y religión forma parte de un debate histórico sobre los límites del conocimiento: el sentido de la existencia y la posibilidad de encontrar puntos de encuentro entre distintas formas de interpretar el mundo.
Inteligencia artificial: el desafío que puede marcar su pontificado
En su primera carta encíclica "MAGNIFICA HUMANITAS" retoma el camino marcado por León XIII y la encíclica que fundó la "Doctrina Social de la Iglesia". En ese momento, la sociedad se transformaba para siempre por la "revolución industrial" y sus consecuencias. Un siglo mas tarde, el vicario de Cristo toma la preocupación de la sociedad en un tema de estricta actualidad: ¿la Inteligencia Artificial nos reemplazará a todos los seres humanos?, ¿habrá otra clase de explotación a gran escala?
En los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo.
"La técnica no debe considerarse, en sí misma, como una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario, está arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre", escribió el Papa
Pero advierte que "las nuevas tecnologías abren un horizonte que se extiende en direcciones que aún no podemos prever por completo. Esto hace que sea más complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y el bien común".
Basado en sus conocimientos matemáticos, uno de los grandes retos de León XIV es la transformación tecnológica. La inteligencia artificial, la automatización y el desarrollo de nuevos sistemas digitales plantean interrogantes sobre el trabajo, la privacidad, la desigualdad y la responsabilidad humana.
Al elegir el nombre de León XIV, el Pontífice también evocó el legado de León XIII, asociado con la respuesta de la Iglesia a los cambios sociales provocados por la Revolución Industrial.
En ese contexto, su formación científica constituye un antecedente interesante, aunque no permite concluir por sí sola que tenga una ventaja técnica para comprender todas las nuevas tecnologías. El desafío será traducir las transformaciones del presente en una reflexión ética capaz de orientar a creyentes y no creyentes.
El 14 de marzo, durante el Día Internacional de la Matemática de 2026, la relación entre ciencia, conocimiento y esperanza volvió a cobrar relevancia en el debate sobre el papel de los investigadores en la sociedad.
"Dios no juega a los dados"
Es la famosa frase de Albert Einstein en su polémica con Max Born en 1926 sobre la física cuántica. Utilizaba esa expresión para defender su convicción de que detrás de los fenómenos físicos existía un orden más profundo que la ciencia todavía debía descubrir. No hablaba sobre un orden universal o la existencia de un Dios eterno. Pero con un Papa matemático, los matices pueden adquirir otras posibilidades.
La historia de León XIV muestra así una faceta menos conocida del pontífice: detrás de la figura religiosa hay un hombre que estudió Matemáticas, enseñó y desarrolló una extensa carrera pastoral. Una combinación que vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que atraviesa siglos: ¿la fe y la ciencia son caminos opuestos o pueden encontrarse en la búsqueda de la verdad?