“No sé si podría decirme artista. Y no hablo desde una falsa modestia. Hay millones de personas brillantes que trazaron rumbos. Yo busco, escribo, me inspiro en lo que sueño y veo. Cuento historias de la gente, o mías. Trato de estar en armonía con lo que vivo, hago y siento. Y de expresarlo en canciones”, explica a la hora de autodefinirse.
Con 41 años, Mariano Espósito decidió dejar de lado un trabajo estable para dedicarse a su verdadera pasión. Así, largó los tribunales y se dedicó de lleno a la música. Obviamente, no es un improvisado: se formó en el Sindicato Argentino de Música y en la Escuela de Música de Buenos Aires. Además, llegó a cantar en Brasil, México, Francia y los Estados Unidos.
“Fue cambiar estabilidad por inestabilidad, saco y corbata por jean y zapatillas. No fue fácil ni inmediato. Tuve que aceptar modificar esos paradigmas y mirarme al espejo y reconocerme distinto. Decirle a mis padres, a mis amigos y a mi pareja que quería empezar un camino nuevo. Y, al no tener 18 años, tuve que transitar esto con pares mucho más jóvenes. Pero siempre motivado por el cambio y la aventura”, afirma el cantante.
Para cumplir este sueño, sumó músicos de mucho renombre: Amílcar Vázquez, que con su guitarra acompaño a Hilda Lizarazu en sus proyectos, y Leandro Chiappe, que tocó el piano en la banda de Javier Calamaro, entre otros. Además, participaron en sus canciones Mariano Godoy (bandoneonista que llego a compartir escenario con Toquinho), Julio David Domínguez (violinista perteneciente a la orquesta del Teatro Colón), y Michelle Bliman y Marina Duca (en coros).
“Se vienen un montón de canciones. No puedo saber dónde van a terminar. Hay una que se llama ‘Mi sol’, que seguro saldrá para fin de año. Y tengo un montón que son producto de estar encerrado, concentrado en mi y tratando de evocar recuerdos del pasado”, asegura Mariano.