Para deshacerse de las calorías y evitar aumentar de peso, las personas con bulimia pueden usar distintos métodos. Por ejemplo, pueden inducir el vómito con regularidad o usar laxantes de manera inapropiada, suplementos para bajar de peso, diuréticos o enemas después del atracón. O pueden usar otras maneras de deshacerse de las calorías y evitar aumentar de peso, como ayunar, adoptar una dieta estricta o hacer ejercicio de forma excesiva.
Por otro lado, la anorexia también consiste en un trastorno de la conducta alimentaria (TAC) que supone una pérdida de peso provocada por el propio enfermo y lleva a un estado de inanición.
Pero se caracteriza por el temor a aumentar de peso, y por una percepción distorsionada y delirante del propio cuerpo que hace que el enfermo se vea gordo aun cuando su peso se encuentra por debajo de lo recomendado. Esta distorsión no ocurre en los casos de bulimia. Por ello, la persona enferma inicia una disminución progresiva del peso mediante ayunos y la reducción de la ingesta de alimentos.
Normalmente comienza con la eliminación de los carbohidratos, ya que existe la falsa creencia de que engordan. A continuación rechaza las grasas, las proteínas e incluso los líquidos, llevando a casos de deshidratación extrema. A estas medidas drásticas se le pueden sumar otras conductas asociadas como la utilización de diuréticos, laxantes, purgas, vómitos provocados o exceso de ejercicio físico.
Estas costumbres no forman parte del cuadro típico de una persona con bulimia que, por el contrario, en ningún momento deja de comer e incluso presenta atracones y graves ingestas desordenadas y excesivas de alimentos altos en calorías y grasas.
Las personas afectadas pueden perder desde un 15 a un 50 por ciento, en los casos más críticos, de su peso corporal. Esta enfermedad suele asociarse con alteraciones psicológicas graves que provocan cambios de comportamiento, de la conducta emocional y una estigmatización del cuerpo. Todo esto tiene consecuencias graves en la relación del enfermo con su entorno, y se cree que el núcleo familiar tiene una gran incidencia en este tipo de cuadros.
Es importante distinguir la anorexia de otros trastornos alimentarios muy frecuentes aunque más leves. El 80 por ciento de los jóvenes pasan por etapas en las que empeora su relación con los alimentos y los evitan, lo que no indica en ningún momento que estén desarrollando la enfermedad.
Ésa es la diferencia principal entre bulimia y anorexia: la primera tiene que ver con métodos agresivos de eliminación del exceso de calorías ingeridas, y la segunda conduce a un freno permanente de ingesta de alimentos de toda clase y una distorsión de la figura real del cuerpo frente al espejo.
Ambas tienen en común algunas cosas: afectan principalmente a los adolescentes. Aproximadamente a los doce años de edad comienzan los primeros incidentes de las personas que tienen que lamentablemente atravesar este tipo de cuadros patológicos.
La famosa película de la actriz Eugenia “La China” Suárez, “Abzurdah”, basada en una historia real autobiográfica de la reconocida escritora Cielo Latini, revela la historia de una joven que sufre de bulimia inicialmente, y luego una anorexia que la lleva a la casi muerte en un estado crítico y lamentable.
El apoyo de los amigos, la familia y los profesionales de la psicología no alcanza para frenar a la anorexia en su máxima expresión y cuando ya se encuentra muy avanzada. Por eso las personas entendidas sugieren que “prevenir es mejor que curar” en estos casos, ya que a veces esta segunda opción es directamente imposible de llevar a cabo.
La forma correcta de prevenir estas enfermedades es tener presente el tema de la alimentación de forma ordenada, organizada y correcta, con una dieta variada en nutrientes y la contención psicológica que todos los adolescentes necesitan cuando comienzan a atravesar cambios indeseados en su cuerpo, producto de la lógica hormonal de todo organismo.
La familia juega un rol principal en la prevención de estos cuadros, aunque muchas veces la tarea se torna difícil por la especial rivalidad que hay entre madres e hijas, o entre padres e hijos cuando se tocan estos temas. Lo mejor es siempre realizar chequeos médicos, controles nutricionales y una terapia psicológica o de cualquier tipo sostenida en el tiempo para un seguimiento normal y controlado.