Al ingresar a la atmósfera a gran velocidad, la fricción con el aire generó temperaturas extremadamente altas, haciendo que el metal se calentara hasta brillar intensamente y comenzar a desintegrarse en múltiples fragmentos. Eso fue lo que produjo las llamativas estelas luminosas y el efecto de “lluvia de fuego” que tantos capturaron.
A diferencia de un meteorito, que suele tener una velocidad mucho mayor y una trayectoria más recta, este tipo de reingresos ocurren a menor velocidad y suelen fragmentarse de forma más visible, generando varios puntos de luz que se apagan gradualmente.
Según las primeras informaciones, todo el material se consumió completamente durante la entrada atmosférica y no se reportaron caídas de restos en tierra.
Se trata de un tipo de evento cada vez más frecuente con los lanzamientos espaciales chinos, ya que en ocasiones las etapas superiores no se desorbitan de manera controlada.