El año pasado, el director debutante Ari Aster sorprendió al público (y a la crítica) con la intrigante “Hereditary”, una ópera primera ambiciosa y personal que supuso una renovación en el género de terror y posó sobre él la atención de la industria. Ahora, fichado por el estudio A24, que prioriza la identidad de sus productos, el cineasta no perdió su tiempo y ya tiene lista su segunda película, que despierta tanta mala vibra como la anterior (y más).
