La intención de quitar descensos es plantear un fútbol de producción, donde haya más refugio en las divisiones juveniles entendiendo el default de la actividad. Este cambio cultural se da desde la necesidad, pero no sabremos si los dirigentes del fútbol argentinos, aún con menos urgencias en la competencia podrán respetarse. Si esta búsqueda colectiva ante la emergencia podrán sostenerla manteniendo responsabilidad en el pago a los futbolistas. Cuánto podrán esperarse que aparezca alguien que en la búsqueda de fortalecerse pague por izquierda lo que su economía tal vez no le cierre.
El diseño de una primera división más inclusiva es abonada por el gremio de futbolistas que busca rescatar así 380 contratos de futbolistas que podrían caerse del sistema con ingresos de primera división. Pero si el espíritu del cambio de diseño en los torneos será jugar con las inferiores, se vendrá una intervención de Agremiados para rescatar el estatus que el futbolista profesional tiene, aunque adaptándose quizás a un mercado paralizado en todo el mundo.
Así como la incertidumbre de una pandemia que por ahora no tiene cura nos desespera, al fútbol un mapa desconocido lo hace buscar experiencias que no sabremos cómo pueden terminar.