El coronavirus en el fútbol argentino ha despertado un entramado de intereses que podrían cambiar el rumbo estrepitosamente.
El coronavirus en el fútbol argentino ha despertado un entramado de intereses que podrían cambiar el rumbo estrepitosamente.
Luego de la decisión de River de no presentarse frente a Atlético Tucumán, se discutió sobre cuáles eran los verdaderos riesgos de contagio de virus. Mientras la AFA llevaba la voz del Dr. Villani esgrimiendo que no hay ningún tipo de probabilidad de contraer el virus, otros médicos de planteles de Primera División recomendaban no jugar.
Se especuló sobre las relaciones de D´Onofrio con el nuevo orden en AFA y las diferencias de postura con Marcelo Tinelli, flamante presidente de la Superliga. Ayer se reunieron los presidentes de River y San Lorenzo, y algunos testigos sospechan que se aclararon discrepancias. El tiempo dirá cómo quedan ubicados ambos en el nuevo escenario político del fútbol.
Otro de los ejes fue el cambiante desempeño de Agremiados, que el viernes obligaba a presentarse con amenaza de quita de puntos a los planteles de Gimnasia y Banfield, porque entendía que había otras categorías disputando partidos en ese momento.
Con Leonardo Ponzio como principal interlocutor del reclamo, el gremio de futbolistas ya con la fecha consumada accede al pedido del líder de River. El grito de suspender la actividad fue masivo, y ni siquiera hará falta juntarse colectivamente, como estaba previsto para el miércoles.
En AFA, enojados por la postura de Marchi de atender el reclamo de sus afiliados, creen que Ponzio se los llevó puestos. Por lo tanto, hasta última hora del lunes, pretendían no parar el fútbol para no darle la razón al mismo D´Onofrio.
Durante el fin de semana, se escuchaba en el sindicato de futbolistas que el problema comprende a 5.000 profesionales que compiten en 5 categorías masculinas y 1 femenina, representando a 140 clubes que juegan fútbol profesional bajo la órbita de AFA. Estas estadísticas le daban magnitud a la complejidad de la industria en el caso de un cese prolongado. Al menos 14 equipos de Superliga y todo el arco del ascenso reconocen desde su dirigencia la imposibilidad de pagar salarios si el receso se prolongase hasta agosto.
A muchos futbolistas le molestó el término " entretenimiento" del presidente de la Nación para definir el producto fútbol en la Argentina. No debe ser un prurito para los principales actores de este fenómeno cultural, ser incluidos en la industria del entretenimiento. Ellos perciben los contratos que se merecen por lo que el negocio genera.
Pese a que el gobierno aconsejó seguir jugando sin público, los futbolistas antepusieron su salud. Y es respetable su decisión. Pero desnuda las miserias y los intereses que rodean al mundo del fútbol. Donde nadie cree en lo genuino del reclamo y el pedido detona en un nuevo conflicto de partes, dificultando el armado de un frente homogéneo en la conducción del fútbol. Donde ni siquiera una pandemia logra ser un símbolo de paz.