Era Pérez Corradi. Se identificó y le dijo “nosotros no nos conocemos”, una frase críptica, pues el defensor del condenado por narcotráfico, Carlos Broitman, recuerda haber visto a alguien con características físicas similares a las de D’Alessio cuando se produjo el operativo de captura de Pérez Corradi, el 19 de junio de 2016 en la Triple Frontera.
Tras un intercambio formal, Pérez Corradi fue al grano: quería “armar algo” para perjudicar a tres supuestos enemigos comunes, un empresario argentino al que D’Alessio le dijo: “ese está viviendo en Israel”, otro que declaró como testigo en la causa que investiga el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, por presunta asociación ilícita, y Bidone.
La conversación se prolongó varios minutos y cuando D’Alessio profundizó las preguntas sobre qué proponía Perez Corradi, éste le dijo “yo te voy a volver a llamar”.
D’Alessio informó a los guardiacárceles sobre lo que había ocurrido.
Un par de días después efectivamente hubo un segundo llamado, presuntamente monitoreada (aunque no está claro en qué contexto, porque para ello debió mediar una orden judicial).
Un procedimiento interno del Servicio Penitenciario que permitió detectar que Pérez Corradi disponía del uso de un teléfono celular y también identificar a un detenido del pabellón donde está alojado D’Alessio, quien informaba sobre el momento en que salían al patio de esparcimiento.
Ese detenido fue trasladado al sector “Ingresos” del Penal de Ezeiza.