Aquella investigación, la primera sobre el caso en ser publicada, intentó escaparle a ese camino pantanoso que desde el momento del disparo se instaló en la conversación social, tergiversada por intereses y visiones sesgadas de la realidad política. La reconstrucción minuciosa del perfil del fiscal Nisman y de sus últimos días con vida pretendió ir más allá de ese juego desenfrenado de dualidades perversas que redujo a aquellos que se inclinaban por la teoría de un suicidio a una identificación directa con el entonces gobierno kirchnerista, y a los que sospechan un magnicidio seguidores ciegos de los intereses de aquella oposición macrista.
La verdad de los hechos y la materialidad de los acontecimientos en una investigación criminal van mucho más allá de las típicas especulaciones electoralistas.
El expediente sobre la muerte del fiscal federal Alberto Nisman quedó detenido y neutralizado por esa polarización que construyó un laberinto sin salida.
La única verdad es aquella que pone datos y hechos sobre la mesa mezclados con información confirmada por decenas de documentos y fuentes. Detalles milimétricos que dejan algunas certezas y buscan enriquecer los análisis para escapar a la lógica de la Argentina bipolar que se apodera estérilmente de la agenda pública.
La opacidad del poder ha convertido a la Argentina en un juego de máscaras interminable donde cada uno puede ser otro y ese otro, otro. Hasta el infinito.
¿Suicidio o asesinato? ¿Héroe o espía? Al día de hoy, y a casi cinco años de su muerte, el misterio sigue tan intacto como en los primeros días. Nada cambió. La causa entró en un letargo que nadie quiere explicar. La Justicia deberá en algún momento entregar una respuesta certera sobre una de las muertes políticas violentas más significativas de la Argentina de los últimos años. ¿Será Justicia?
(*) Autor de "Nisman, ¿Crimen o suicidio? ¿Héroe o espía?"