Durante aproximadamente dos años, el joven debía viajar desde Urdinarrain hasta Gualeguaychú para someterse a sesiones de diálisis. La frecuencia era de tres veces por semana, una rutina que implicaba traslados constantes, tiempo de espera y un esfuerzo físico y familiar sostenido.
La diálisis era parte de su día a día mientras aguardaba una alternativa que le permitiera mejorar su calidad de vida. En ese contexto, la posibilidad de un trasplante con un donante vivo abrió una puerta que la familia decidió atravesar con esperanza.
La historia tomó trascendencia pública en noviembre de 2024, cuando vecinos y allegados impulsaron una campaña solidaria para ayudar a afrontar los gastos relacionados con la intervención. La iniciativa permitió que se conociera el esfuerzo que realizaban Franco y sus seres queridos para llegar a la operación.
Fue entonces cuando Jachy Arriola contó cómo había tomado la decisión de ofrecerse como donante para su hijo. Su respuesta, según relató en una entrevista con Nueve Noticias, había sido inmediata.
La madre no dudó en ponerse a disposición del equipo médico cuando supo que existía la posibilidad de realizar un trasplante con un familiar vivo. Para ella, la alternativa significaba intentar que Franco pudiera recuperar una vida menos condicionada por la enfermedad.
Su testimonio reflejó la determinación con la que había acompañado el tratamiento del joven.
“Enseguida dije que sí. Cuando nos dijeron que podía ser un donante vivo, un familiar, dije yo enseguida. No lo dudé ni un minuto”, había expresado.
La decisión convirtió a la madre en una pieza fundamental del tratamiento de su hijo. El trasplante no era solamente una intervención quirúrgica: representaba la posibilidad de reducir las limitaciones que la diálisis imponía sobre su rutina.
El trasplante de noviembre de 2024 y la esperanza de recuperar una vida normal
La operación estaba prevista para el 27 de noviembre de 2024, en Paraná. La familia había puesto sus expectativas en ese procedimiento, que podía marcar un antes y un después en el tratamiento de Franco.
Antes de la cirugía, Jachy había explicado cuánto deseaba que su hijo recuperara las actividades que la enfermedad le había quitado. La frecuencia de las sesiones de diálisis y los viajes permanentes habían condicionado durante años su vida personal.
“Hace dos años que no tiene vida. Va a tener de vuelta su vida normal”, había señalado la mujer antes de la intervención.
La frase sintetizaba el impacto que el diagnóstico había tenido sobre el joven y la expectativa que despertaba el trasplante. La posibilidad de dejar atrás la dependencia de las sesiones periódicas representaba una oportunidad para recuperar tiempo, autonomía y proyectos.
Sin embargo, una operación de estas características no significa que desaparezca la necesidad de atención médica. Después del trasplante, los pacientes deben mantener un seguimiento especializado para controlar el funcionamiento del órgano, evaluar su evolución y detectar posibles complicaciones.
Por ese motivo, Franco debía viajar periódicamente a Paraná para cumplir con sus controles médicos. Esas consultas formaban parte del cuidado posterior a la intervención y eran fundamentales para acompañar su recuperación.
El traslado que terminó en tragedia tenía precisamente ese objetivo. Franco y su madre se dirigían hacia la capital entrerriana para continuar con el seguimiento sanitario del joven.
El viaje, que respondía a una necesidad médica, quedó interrumpido por el choque ocurrido durante la madrugada del martes.
Choque en la Ruta Provincial 39: cómo ocurrió el accidente fatal en Entre Ríos
El siniestro vial se produjo alrededor de las 4:50, a la altura del kilómetro 56 de la Ruta Provincial 39, frente al acceso al Jockey Club de Rosario del Tala.
En ese sector circulaba una camioneta Citroën Berlingo perteneciente a la Municipalidad de Urdinarrain, en la que viajaban Franco, su madre y el conductor. El vehículo se dirigía hacia Paraná cuando impactó frontalmente contra un camión Scania que transportaba bolsas de cal.
La violencia de la colisión provocó consecuencias fatales para todos los ocupantes de la camioneta. Según la información brindada por las autoridades policiales, las tres personas murieron en el lugar.
Entre las víctimas se encontraba Leandro Perovich, de 35 años, quien trabajaba en el área de Desarrollo Social del municipio de Urdinarrain. El empleado municipal estaba al volante y era el encargado de trasladar a Franco y a Jachy para que pudieran llegar a la consulta médica.
La subjefa de la Policía Departamental Tala, Etelvina Piccini, confirmó que los tres ocupantes del utilitario fallecieron como consecuencia del impacto.
El accidente ocurrió en un horario en el que todavía predominaba la oscuridad, aunque ese dato, por sí solo, no permite establecer las causas del choque. La mecánica del siniestro y las circunstancias previas al impacto deben determinarse a partir de las actuaciones correspondientes.
Por el momento, la información difundida sobre el episodio permite establecer los datos centrales: el lugar, el horario aproximado, los vehículos involucrados y la identidad de las tres personas que viajaban en la camioneta municipal.
Los datos principales del choque fatal en Entre Ríos
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Lugar: kilómetro 56 de la Ruta Provincial 39, frente al acceso al Jockey Club de Rosario del Tala.
Horario: aproximadamente a las 4:50 del martes.
Vehículo de las víctimas: una Citroën Berlingo de la Municipalidad de Urdinarrain.
Otro vehículo involucrado: un camión Scania que transportaba bolsas de cal.
Víctimas fatales: Franco Díaz, de 21 años; su madre, Jachy Arriola; y Leandro Perovich, de 35 años.
Motivo del viaje: trasladarse a Paraná para continuar con los controles médicos posteriores al trasplante renal de Franco.
Leandro Perovich, el empleado municipal que trasladaba a Franco y a su mamá
La tragedia también se llevó la vida de Leandro Perovich, un trabajador municipal de 35 años que cumplía funciones en el área de Desarrollo Social de Urdinarrain.
Su participación en el viaje estaba vinculada con el traslado de la familia hacia Paraná. La camioneta oficial era el medio utilizado para que Franco pudiera llegar a los controles médicos que necesitaba después de recibir el riñón donado por su madre.
De esta manera, el accidente terminó con la vida de tres personas que compartían el mismo recorrido, aunque sus historias personales fueran diferentes.
Por un lado, Franco y Jachy habían atravesado juntos un largo proceso médico, marcado por la insuficiencia renal, la diálisis y la decisión de avanzar con un trasplante. Por otro, Perovich se encontraba al frente del vehículo municipal que los llevaba a cumplir con una consulta necesaria para el seguimiento del joven.
La coincidencia de esas circunstancias le dio al episodio una dimensión humana que va más allá de las cifras de víctimas fatales.
La muerte de Franco Díaz y su mamá: una historia de solidaridad que terminó en tragedia
La historia de Franco y Jachy había trascendido las fronteras de su entorno familiar cuando se conoció la campaña solidaria para acompañar el trasplante. En aquel momento, el gesto de la madre de ofrecerse como donante se convirtió en el centro de un relato de esfuerzo y esperanza.
La intervención de noviembre de 2024 había sido un paso decisivo después de dos años en los que el joven debió someterse a diálisis tres veces por semana. El procedimiento abrió una nueva etapa, aunque también exigía controles médicos y cuidados permanentes.
Ese seguimiento fue el motivo del viaje que emprendieron hacia Paraná y que terminó de manera fatal sobre la Ruta Provincial 39.
La muerte de Franco y Jachy vuelve a poner en primer plano una historia de amor materno, sacrificio y lucha contra una enfermedad crónica, atravesada por el acompañamiento de una comunidad que había buscado ayudarlos durante el tratamiento.
El fallecimiento de Perovich completó el saldo de una tragedia que dejó tres víctimas y un profundo impacto en sus comunidades.
Mientras las circunstancias del choque deben establecerse a partir de la investigación correspondiente, los datos conocidos reconstruyen el último recorrido de una familia que había convertido un trasplante en una oportunidad para mirar hacia adelante.