Entre ellos se inscribe la explosión provocada en el comedor de la superintendencia de la Policía Federal. Salgado, de 21 años, era militante montonero y cumplía con el servicio militar en la Policía Federal. Fue el responsable de hacer las tareas de inteligencia para preparar y realizar el atentado.
El comedor de la dependencia policial, estaba en Moreno 1431, a una cuadra del Departamento Central de Policía en la ciudad de Buenos Aires. Allí comía personal civil y suboficiales de baja graduación, incluidas varias mujeres que pertenecían al área administrativa.
Según se ha dicho en varias investigaciones realizadas durante casi 5 décadas, el propio Salgado le había informado las características especiales de ese comedor. No era frecuentado por la cúpula de la Policía Federal, pero sí por integrantes de bajo escalafón y familiares. Sin embargo, el propio Firmenich, según sospecha la Justicia, habría dado la orden de seguir con el atentado.
El 18 de junio, dos semanas antes, otra bomba mató al entonces jefe de la Policía Federal, el general Cesáreo Cardozo. Como en el caso del comedor, una militante de montoneros se ganó la confianza de la hija del jefe policía para infiltrarse y colocar un artefacto explosivo debajo de la cama.
Su sucesor, el general Arturo Amador Corbetta, era abogado y militar. Quería mantener la lucha contra los grupos guerrilleros dentro de la ley, según cuenta el periodista Ceferino Reato en su libro "Disposición Final". Corbetta, tras ese atentado, apenas pudo mantenerse diez días en su puesto de jefe de la PFA.
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Las imágenes de los momentos posteriores de la explosión de la bomba de Montoneros en el Comedor de la superitendencia de la PFA. (Foto: Captura de TV)
El ataque, como se dijo, no fue improvisado. Se revisó y se practico durante días. Por ejemplo, Salgado que cumplía el servicio militar como policía - ingresó varias veces al comedor con un paquete y pudo comprobar que nadie lo revisaba. Durante los días previos ingresó varias veces a la dependencia policial con un paquete y comprobó que nadie lo revisaba. El día programado llevó un maletín con la carga explosiva de 9 kilos de TNT y bolillas de acero –una bomba como las usadas por los vietnamitas, preparada en dos unidades básicas de La Plata.
El 2 de julio de 1976, ingresó con el paquete que ya no era un señuelo sino que tenía el explosivo. Lo dejó en una silla, con el detonante de tiempo activado, la cubrió con un sobretodo, y abandonó el lugar. Tras el atentado, siguió combatiendo en Montoneros y hoy su nombre figura en el Parque de la Memoria, el monumento con el que el gobierno de la Ciudad recuerda a las víctimas de la represión militar.
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Mario Eduardo Firmenich, era el líder de Montoneros cuando se realizó el atentado al comedor de las superintendencia de la Policía Federal en 1976. (Foto: Gentileza Cadena 3)
Montoneros se atribuyó el ataque pocas horas después de la explosión. Con un comunicado en el que definió ese atentado “un hecho de guerra”.
De los 24 muertos (19 hombres y cinco mujeres), 21 fallecieron en el instante de la explosión. En los nueve días siguientes murieron otros tres en el hospital Churruca. Ahora, 48 años más tarde, la justicia porteña lo acaba de definir como un crimen "imprescriptible".