“Hice también tintura madre, armé flores de Bach en un frasco grande y se las di mucho a Juan durante la cuarentena estricta”, dijo y le consultó Peña: “¿Para las defensas?”. Entonces, Agustina explicó que: “es como un volver al origen, un tratamiento emocional”.
“También hice juguetes para Juan, por ejemplo un tamborcito, que está hecho con una parte que es como una especie de cuero de la placenta, una lámina. Es un objeto de poder”.
Además, contó que le sobra aún un poquito: “La íbamos a plantar, lo dejé en el freezer y un día me desapareció: no sé si la señora que trabajaba en casa se confundió y lo comimos o lo tiró pensando que era un pedazo podrido”.