En la Universidad de Tel Aviv trabaja el biólogo Assaf Shapira. Tiene 40 años y es inquieto. Mientras habla entusiasmado, asoma detrás de él un cubo pequeño de acrílico transparente, dentro del cual está el desarrollo de un corazón artificial.

En la Universidad de Tel Aviv trabaja el biólogo Assaf Shapira. Tiene 40 años y es inquieto. Mientras habla entusiasmado, asoma detrás de él un cubo pequeño de acrílico transparente, dentro del cual está el desarrollo de un corazón artificial.
Lo rodea una especie de gelatina de colágeno. Assaf cuenta que este prototipo tarda unas tres horas y media en ser impreso. Un órgano de tamaño apto para el cuerpo humano demoraría varios días en imprimirse, pero “para eso todavía hay que esperar”.
Es la primera vez que alguien diseña e imprime con éxito un corazón con células, vasos sanguíneos, ventrículos y cámaras.
Un ataque al corazón severo podría resolverse con este corazón impreso en 3D. En un paciente joven, hoy en día sólo se remedia con el trasplante.
Cómo es el procedimiento. Se hace una biopsia del intestino y, de la grasa que cubre los intestinos (omentum), se toma material para hacer el corazón. Luego se separan las células y las células madres, de las cuales se toma el colágeno e inyectan con enzimas la muestra para transformarla en cardíaca.
Tienen que lograr que las células se contraigan simultáneamente y que funcione en el laboratorio. Luego se probará el prototipo en animales (ratones, ratas o conejos) y, ya de tamaño apto para humanos, en cerdos, con quienes tenemos fisiología similar.
El proyecto lleva unos cuatro años. Si bien estos investigadores no fueron los primeros en imprimir un corazón, la diferencia es que éste “es de alta resolución y todos los materiales provienen del paciente, lo cual evita el rechazo que puede ocurrir en un trasplante”.
El presupuesto para esta proyecto proviene de filántropos de la Unión Europea y del ministerio de Ciencias israelí y la expectativa es muy alta: en 10 años suponen que habrá impresoras en los hospitales para tener órganos o tejidos. Assaf espera poder verlo y sonreir satisfecho. No en vano, este inquieto científico decidió estudiar en la Facultad de Ciencias de la Vida.