Mientras los hinchas le reclamaban la camiseta, Messi ignoró los pedidos, miró hacia el palco y decidió arrojarle la casaca directamente a sus padres. Fue Celia quien la atrapó entre sonrisas y aplausos, mientras Jorge contemplaba la escena a pocos metros. Nadie imaginó que aquella imagen terminaría siendo una de las últimas postales públicas entre padre e hijo.
Hoy, con la preocupación instalada y el hermetismo absoluto de la familia, aquellas imágenes vuelven a recorrer las redes sociales.
La inquietud creció aún más después de las declaraciones del periodista Eduardo Feinmann, quien aseguró en Radio Mitre que Jorge Messi atraviesa un delicado problema de salud.
"Tiene un problema bastante grave de salud. No está bien", afirmó el conductor, aunque hasta el momento la familia no realizó ninguna confirmación oficial.
Fieles al bajo perfil que los caracteriza, ni Jorge ni su entorno realizaron declaraciones sobre las versiones que comenzaron a circular en las últimas horas.
La situación golpea especialmente a Lionel. Porque detrás del mejor futbolista del mundo siempre estuvo ese hombre que abandonó Rosario y apostó todo por el sueño de un chico de 13 años que debía partir rumbo a Barcelona.
Jorge Messi fue mucho más que un padre: fue compañero, sostén, representante y uno de los pilares fundamentales de la carrera más extraordinaria del fútbol moderno.
Por eso, las lágrimas de Lionel en el Mundial, sumadas a las versiones sobre la salud de su padre, hicieron que aquella imagen en Miami adquiriera otro peso. La de un hijo que, sin saberlo, quizás estaba regalándole uno de los abrazos más simbólicos de toda su vida.