Y algo no común. Después de cumplir 60 años publicó sus últimas 10 obras. Y en todas ellas hay una característica. En los títulos de sus libros está siempre su apellido Dalí, en una mezcla de originalidad y –digámoslo- de pedantería. Pero además, el contenido de esos libros lo alude diría demasiado conceptuosamente. En fin…
No se supo nunca, si esa vanidad o excentricidad que no disimulaba en absoluto, era auténtica o tenía una intención promocional. Porque se lo discutió como pintor, pero nadie osaría negarle capacidad para realzar su imagen personal.
Realmente todo lo distinguía y lo hacía el centro de las miradas.
Pero sería injusto omitir que independientemente de estas reservas morales, fue innegablemente un grande de la pintura.
Había nacido en 1904 en Figueras, en la Cataluña española. A los 25 años un episodio personal dio un destino definitivo a su vida. Pasó un verano en una playa francesa invitado por su amigo el escritor francés Paúl Eluard.
Allí estaba la esposa de este, Gala, que tenía 36 años. Era 11 años mayor que nuestro hombre. Se enamoraron perdidamente. Vivirían juntos más de 50 años.
El dueño de casa se quedó, sin esposa y sin amigo. ¡Linda visita recibió!
El pintor declaró a un periodista:
-“Amo a Gala más que al dinero y es mucho decir, porque el dinero ha sido y es una gran pasión para mí”.
¡Y parece haber mucho de cierto!. Logró una considerable fortuna, pero todos sus amigos artistas se fueron alejando de él. Y era lógico porque en el artista de cualquier rubro anida siempre una alta espiritualidad.
Como siempre la vida terminó mostrándole a Dalí la realidad. En 1982 él tenía ya 78 años y su esposa gala casi 90. Una corta enfermedad acabó con la vida de esta.
Recién Dalí comprendió cabalmente que su enorme fortuna no podía reintegrarle al amor de su vida. Vivió todavía 7 años más. Pero una profunda depresión lo acompañó hasta el final. En 3 ó 4 meses, su cuerpo esmirriado, adelgazó 20 Kg. Dalí se había reducido con la delgadez, a la mínima expresión.
Vivía en su castillo con la compañía de 3 criados con los cuales sólo hablaba con monosílabos. Casi no recibía a nadie. Y todavía, 5 años antes de morir, un incendio accidental le produjo quemaduras graves de las que se repuso sólo parcialmente.
Tiempo después, le colocaron un marcapasos para su corazón vencido y un 22 de enero de 1989 una pulmonía agravó su insuficiencia cardíaca hasta producirle la muerte.
Odiado por colegas, envidiado por otros, ignorado y hasta despreciado por críticos, atrajo multitudes y gozó de fama internacional. Fue inequívocamente un grande de la pintura.
Y un aforismo para Salvador Dalí que quizá define la única forma de revelar la verdad de su valía artística. “El tiempo que es un jurado infalible determinará la inmortalidad o el silencio”. Y evidentemente –agrego- determinó la inmortalidad.
*Por José Narosky