Excelencia genética y know how
La calidad de los caballos de polo argentino es reconocida en todo el mundo, y esta excelencia parece tener explicación: en 1989 se introdujo el trasplante embrionario en la cría de caballos de polo, y eso fue revolucionario por los resultados obtenidos, ya que derramó la buena genética para que todos los criadores pudieran acceder. Esto permitió la consolidación de muchas buenas líneas maternas. Luego vino la clonación, de la mano del olfato y la intuición de cada criador para elegir qué ejemplar merecía ser clonado. El éxito de esta técnica se comprueba a través de más de 100 caballos clonados que ya han sido domados y están en las canchas de todo el mundo.
“No hay otro país que produzca caballos de polo de nuestra calidad”, asegura Ballester, ”Los polistas argentinos de alto hándicap tienen una gran virtud: cada vez que viajan y consiguen una yegua buena australiana, neocelandesa, sudafricana o de donde sea, la incorporan a la genética argentina. Recorrer el mundo y volver con buenas yeguas es un gran trabajo que hacen para fortalecer nuestra genética. Y también trayendo buenos padrillos de reconocidas líneas genéticas”.
En 2019 se exportaron 2500 caballos, pero en 2020 no se llegó al 10%. Cada ejemplar que se exporta lleva siete años de inversión y de horas hombre trabajadas. Es un año de gestación y seis años de cría, doma y entrenamiento. “Ahora mismo hay domadores que están domando a sus futuros animales, y eso es parte de la inclusión social que genera el polo en el interior del país”, manifiesta el dirigente.
Los torneos de polo ya comenzaron este año en EEUU y en Dubai y eso inyecta de optimismo a los criadores argentinos porque es una buena señal que haya arrancado el calendario mundial de partidos. Se espera que la actividad programada para 2021 reactive la demanda de caballos en todo el mundo, incluidos los de mediano y bajo hándicap que también generan mucho trabajo en el país.