El “despegue” en el uso de fertilizantes ocurre en la década del ’90 como resultado de la eliminación de derechos de exportación a la producción granaria y a la importación a insumos (entre ellos, fertilizantes). Como resultado de estas medidas, el precio relativo nitrógeno/trigo desciende de los valores de 5 a 8 mencionados previamente, a 3 – 4. En este período se inicia una fuerte expansión agrícola, resultando en un aumento de la superficie sembrada de 17 millones de hectáreas a más de 24 millones en el 2000. El crecimiento del área continúa en las dos décadas siguientes, llegando a las mas de 35 millones de hectáreas de la actualidad.
La reducción de precios relativos muy posiblemente gatilló el despegue en el uso de fertilizantes. No explica, sin embargo, por si sólo el aumento continuado en el uso de estos insumos. En efecto, en la década del 2000, y hasta 2015, el precio relativo fertilizante/grano fue más alto que en la década anterior, sin embargo, el nivel de uso siguió creciendo.
¿Qué razones explican mayor uso de fertilizantes, aún bajo condiciones de precios relativos más desfavorables? Una primera respuesta es que la intensificación agrícola resulta en descenso paulatino en la fertilidad de suelos, y por ende mayores retornos al uso de fertilizantes, aún con precios relativos menos favorables.
Pero existe otra posibilidad. Y esta gira alrededor de mejoras tecnológicas (materiales genéticos, prácticas agronómicas, métodos de diagnóstico de fertilidad de suelos). Estas mejoras incrementan la productividad de los fertilizantes, y por lo tanto los retornos económicos asociados a su uso. Al respecto, estimaciones realizadas en la Universidad del CEMA sugieren que los incrementos en el uso de fertilizantes observados en la década de 1990 se explican tanto por el descenso de precios relativos, como por mejoras en la eficiencia con la cual fertilizante se transforma en producto. En cambio, en el período 2000-2018, las mejoras de eficiencia parecen ser el único determinante del incremento en el uso de estos insumos. Lo anterior no debe interpretarse en el sentido de que el uso de estos insumos es “insensible” a precios, mas bien lo que ha ocurrido es que los incrementos en la productividad del fertilizante fueron suficientemente importantes como para permitir aumento de demanda, aún con precios relativos invariantes. Si los precios relativos hubieran mejorado, los incrementos habrían sido sin duda mayores.
Para la campaña 2021/22, el productor argentino enfrenta un precio relativo fertilizante/grano que es entre 35 y 100 por ciento más alto que el existente en el período 2016-2019. Esto se explica en parte por aumento de precios internacionales de fertilizantes, pero también por incrementos en derechos a la exportación y –posiblemente– restricciones a la importación de estos insumos como consecuencia de restricciones al acceso a divisas. Es de esperar que el deterioro de precios relativos tenga efecto, no necesariamente reduciendo la cantidad demandada con respecto a campañas anteriores, pero sí con respecto al crecimiento bajo condiciones de precios más favorables.
El autor es miembro del departamento de Economía Agrícola y Recursos Naturales - UCEMA