El mundo cripto crece, pero también aumentan los delitos vinculados con las criptomonedas, aunque, según datos de Chainalysis, las cifras en dólares habrían descendido del 2021 al 2022.
Criptomonedas: en la misma causa, otras 6 personas fueron acusadas como coautores del delito de asociación ilícita y partícipes necesarios del delito de estafa, en pluralidad de hechos. (Foto: archivo)
El mundo cripto crece, pero también aumentan los delitos vinculados con las criptomonedas, aunque, según datos de Chainalysis, las cifras en dólares habrían descendido del 2021 al 2022.
Al respecto, las estafas en el segmento cripto superaron los 26.000 millones de dólares entre 2017 y 2021. Mientras que, en 2022, los estafadores han recaudado más de 3.5 miles de millones de dólares.
En el caso puntual de la Argentina, durante el año pasado, las estafas con criptomonedas alcanzaron los USD 11.8 millones, un 87% menos que en 2021, cuando registraba un total de USD 92.7 millones.
Según Dan Cartolin, ejecutivo de Cuentas para Norte y Latinoamérica en Chainalysis, “el principal problema de la industria de criptomonedas en Argentina son las estafas, especialmente, los esquemas ponzi y las de tipo piramidal”.
Además, explicó, “estas estafas se aprovechan de un mercado no regulado y se benefician de los exchanges de criptomonedas más pequeños o nuevos que no utilizan los controles ALD adecuados en el blockchain; ven a estas nuevas empresas como objetivos principales para blanquear dinero”.
Por su parte, en países como Brasil, por ejemplo, las estafas con criptomonedas en 2022 alcanzaron los USD 7.3 millones, un 22% menos que en 2021 cuando se registraron 30,1 millones.
La tendencia a la baja se repite también en toda la región:
“Una mayor adopción de criptomonedas también implica un aumento en la delincuencia relacionada con ellas”, sostuvo Cartolin. Si bien el crecimiento del uso legítimo de este tipo de activos supera ampliamente el uso ilícito, “su crecimiento en general conduce a grandes aumentos en el valor bruto en dólares de las transacciones ilícitas usando criptoactivos; y mover miles de millones de dólares hacia una nueva clase de activos atrae a delincuentes, estafadores y actores malintencionados”, agregó.
En 2022, los ingresos totales por ransomware cayeron a su nivel más bajo en tres años. Aunque los atacantes hayan recibido al menos USD 456.8 millones, esto representa una enorme caída del 40.3% en comparación con sus ganancias de ransomware en 2021, que ascendieron a USD 765.6 millones.
Sin embargo, la caída en los pagos no significa necesariamente que haya habido una disminución en los ataques.
En ese sentido, Kim Grauer, director de Investigación de Chainalysis, señaló que "la evidencia sugiere que la disminución de los ingresos de los atacantes se debe a la creciente falta de voluntad de las víctimas para pagar sus demandas de rescate, en lugar de una caída en el número real de ataques”.
Y añadió: “Esta reticencia puede atribuirse a varios factores, desde una mayor utilización de soluciones como copias de seguridad y recuperación que mitigan el impacto de los ataques, hasta el temor a incumplir las normativas gubernamentales que prohíben el pago de rescates a organizaciones potencialmente afiliadas a naciones y grupos sancionados”.
Existe la idea errónea de que la lucha contra los delitos relacionados con criptomonedas es competencia exclusiva de los grandes organismos nacionales, encargados de la aplicación de la ley o de las unidades de ciberdelincuencia de élite.
Si bien esto puede ser cierto en casos con implicaciones para la seguridad nacional o, como advirtió la ONU hace unos meses, cuando grupos del crimen organizado utilizan criptomonedas para lavar dinero -como podría ocurrir en México o Argentina- esa perspectiva pasa por alto un hecho importante: los delitos basados en criptoactivos afectan a comunidades grandes y pequeñas de todo el mundo, por lo que las agencias locales pueden tomar medidas inmediatas con las herramientas y la formación adecuadas.