Amy decía que no sabía de qué escribir cuando le propusieron hacer otro álbum después de Frank. Así que se dedicó a emborracharse, reírse y vomitar. "Me enamoré de alguien por quien estaba dispuesta a morir", dijo sobre Blake Fielder. Y de esa relación nació Back to Black. "Nos hacíamos daño. Cuando rompimos me volví completamente loca. Subía las escaleras y veía sangre en todos lados, y lo veía a él. Era de mis puños".
Las canciones de Amy tienen poder. Sus palabras fluyen y el dolor está ahí. Su olor, su relación, la asfixia y el amor. Luego, la muerte de su abuela. La bebida. Las drogas.
"Yo y mi cabeza en alto, y mis lágrimas secas, sigo adelante sin mi hombre. Volviste a lo que conocías, alejándote de lo que fuimos. Yo piso un camino de problemas y voy a perder. Volveré a la muerte."
La niña prodigiosa que eligió, como a los 16, la autopista peligrosa, murió en su vulnerabilidad. Se destruyó. Y se mitificó.