No encuentra Alfaro como fortalecer el espíritu de un equipo que pareció agotarse en todo sentido, que llega al momento de la toma de decisiones importantes con la cabeza quemada. Al reconocer Alfaro, tras la eliminación por Copa, su deseo de recuperar su calidad de vida admite el padecimiento que resulta su paso por Boca.
En un club de esta dimensión, la comunicación es política de estado. Y si el entrenador se muestra agobiado no deja una imagen de seguridad hacia sus dirigidos, y a quienes deben optar por su continuidad. Por ello anoche, cambió su estrategia comunicacional mostrando ánimo para seguir aunque ya lo condicione seriamente el rendimiento de su equipo.
Mientras pareciera recorrer una transición hasta el 8 de diciembre cuando se desarrollen las elecciones, el equipo peligrosamente se encuentra en su peor rendimiento y con poca proyección en los partidos que restan para cerrar 2019.
Boca votará un nuevo presidente que deberá determinar si inicia su nueva gestión con la continuidad de Nicolás Burdisso como mánager, y si éste en consecuencia ratifica a Gustavo Alfaro como entrenador. Otro tema, no menor por resolver, será si a Carlos Tevez le renuevan el contrato o le pondrán punto final a su ciclo en Boca.
En el ruidoso mundo Boca todo está por verse, pero llega la hora de la verdad, y aunque Alfaro ahora haya mostrado predisposición para seguir su crédito puede acotarse a esta última imagen, que no difiere demasiado de las anteriores. El Boca de Alfaro será recordado como un equipo sin sustancia, que pudo ser sólido, que intentó ser agresivo, y que terminó siendo una idea indefinida solo apoyada por aquellos triunfos que preferían no analizar, porque jugaba a ganar. Y de repente, jugó a perder.