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La liga que el coronavirus no frenó: cómo viven la pandemia los dos argentinos que juegan en Nicaragua

Javier Lanza
por Javier Lanza |
La liga que el coronavirus no frenó: cómo viven la pandemia los dos argentinos que juegan en Nicaragua

"El fútbol se creyó importante hasta que el coronavirus le contó la verdad: es solo una simulación de la realidad”. La frase de Jorge Valdano hace unos días no hace más que remarcar la realidad del fútbol en el marco de una pandemia como la que atraviesa el mundo. El COVID-19 dejó a la pelota en un plano a la que no está acostumbrada: fuera de los focos. Por eso con Messi, Dybala, Di María, Agüero, Higuaín y compañía lejos de las canchas la historia del fútbol con argentina tiene solo dos jugadores que siguen corriendo detrás de la pelota: Leandro Figueroa y Luis Acuña, quienes son parte de una de las cinco ligas que siguen en actividad como lo es la de Nicaragua.

Para entender porqué el país centroamericano sigue permitiendo el desarrollo del fútbol hay que entender que su presidente Daniel Ortega estuvo desaparecido 34 días, sin ninguna aparición pública hasta el pasado jueves 16 de abril. Ese día habló 26 minutos para todos los medios para desmentir los rumores sobre su muerte y asegurar que el coronavirus "es una señal de Dios". En esa salida televisiva el líder revolucionario aseguró: ”Si mandamos a la policía, a los militares y a los campesinos a aislarse, desaparece el país”, para después reconocer solo una muerte por coronavirus entre los 1272 fallecidos por otras causas en las semanas de impacto del Covid-19.

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Nicaragua el único país de Latinoamérica que no ha tomado medidas.
Nicaragua el único país de Latinoamérica que no ha tomado medidas.

El caso de Nicaragua es llamativo ya que es el único país del continente que no ha impuesto prevenciones ante la llegada de la pandemia: ni cierre de fronteras, ni cuarentena, ni uso de mascarillas ni siquiera distancia de seguridad. Con Ortega a la cabeza se ha dispuesto mantener colegios y universidades abiertas, y que permitió procesiones, días de playa y festivales musicales se multiplicaron a lo largo de la pasada Semana Santa.

En ese panorama, el gobierno nicaragüense mantiene que sólo se han producido diez contagios, con dos muertes, pero el Ministerio de Salud ha advertido sobre un extraño brote de neumonía que ha matado a cerca de 70 personas. El Gobierno no ha tomado medidas preventivas como lo han hecho la mayoría de los países, la liga nacional ha decidido que su principal campeonato (Liga Primera) continúe sin la presencia de público.

Dos historias en un país que no para

A pesar de que le quedaban seis meses de contrato en Deportivo Merlo, Luis Acuña recibió un llamado de un amigo de su representante que le abrió la puerta para comenzar una nueva aventura. El 8 de enero aterrizó en Managua para después instalarse con su esposa y sus dos hijos en Estelí, una ciudad a tres horas de la capital del país. “Es un lugar tranquilo, seguro y lindo para vivir”, asegura el surgido de las inferiores de Vélez. En 2009 el Tigre Gareca lo hizo debutar en Primera, pasó a Sarmiento de Junín, luego pasó cuatro años en Chile, tres en México, regresó al país para jugar en Crucero del Norte, luego se fue a Guatemala y volvió a Argentina para jugar en Deportivo Merlo.

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Luis Acuña jugando para el Real Estelí.
Luis Acuña jugando para el Real Estelí.

Acuña sabe que la situación que está viviendo es algo anormal en este contexto. “Estoy agradecido por hacer lo que me apasiona, lo que más me gusta, pero también consciente de lo que está pasando en todo el mundo. Acá la situación en Nicaragua por ahora muestra diez personas contagiadas, de las cuales solo murieron dos, pero no deja de ser rarísimo jugar cuando todo el resto está parado”, habla el número 10 de un Real Estelí que el domingo le ganó 2-1 a ART Jalapa para culminar la fase regular segundo (detrás del líder Managua) y asegurarse un lugar en las semifinales del torneo.

A la hora del día a día en Nicaragua, el argentino cuenta alguna de las medidas en un país en que la única norma de seguridad que tomaron para los deportes es que se jueguen a puertas cerradas: “Acá las que cumplimos son las medidas que tomó el club. El agua nos la dan en bolsitas y después de tomarlas las tiramos a la basura. Cada uno tiene su toalla y la lleva y trae lavada todos los días. El alcohol en gel es clave también”. Por eso, ante ninguna cuarentena preventiva del gobierno nicaragüense, el enganche tuvo que proteger a los suyos: “Con mi esposa tomamos la decisión de no mandar a mis hijos al colegio. Fuimos a buscar las carpetas y a ellos les mandan la tarea por WhatsApp para que la hagan antes de las seis de la tarde. Lo hacemos por precaución. Acá en Estelí hay negocios abiertos, hay gente en la plaza, hay algunos colegios en los que siguen yendo los niños. Pero cada uno tiene su consciencia y toma las precauciones del caso”.

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El otro argentino en el único país latinoamericano en el que el show de la pelota continúa es Leandro Figueroa. El delantero nacido en Granadero Baigorria vive con su esposa, su hija de cuatro años y su bebé (nacido en Nicaragua hace cinco meses) en la capital, luego de llegar a su equipo, el CD Walter Ferreti, que terminó cuarto y ahora buscará meterse en las semis en un cuadrangular que disputarán entre tercero y sexto. Su contrato vence apenas termine una temporada que lo tiene como uno de los goleadores del fútbol nicaragüense.

“Se siente extraño seguir jugando al fútbol cuando vemos cómo está arrasando esta pandemia mundial. Se hace raro ver que las ligas de alto nivel han parado y nosotros seguimos junto a un par de ligas más. La verdad que se nos hace extraño que no se haya parado. Lo único que hicieron fue adelantar las fechas y jugamos miércoles y domingo para terminar el torneo”, explica Figueroa. Y agrega: “En lo personal no me parece bien que sigamos jugando. Ver cómo sigue avanzando todo y nosotros seguimos. Lo tomo como un trabajo y dependemos de las autoridades”.

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Figueroa es la carta de gol del CD Walter Ferreti.
Figueroa es la carta de gol del CD Walter Ferreti.

Ante la falta de medidas preventivas del gobierno, el surgido de las inferiores de Newell’s y de pasó por Central Córdoba de Rosario asegura: “No salimos de casa básicamente que para lo básico. Solo entreno y regreso. Corro mucho riesgo cuando salgo. Lo sé. Me voy a bañar apenas llego. No saludo a mi familia hasta que salgo de la ducha, evito tener contacto con gente. ¿Los entrenamientos? Es todo normal. No cambió mucho, al principio no nos saludábamos con la mano, pero como paso el día a día y no decían nada hacemos vida normal”.

Una vida normal que en Nicaragua lo único que tiene de normal es la anormalidad. Porque al contrario del mundo, en el país centroamericano no hay coronavirus que detenga nada y por eso la pelota sigue rodando.

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