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La final de la Libertadores oculta la devaluación del fútbol argentino

por Hugo Balassone | 15 de noviembre de 2018 - 07:50

¿Por dónde anda el fútbol argentino mientras la vida es eso que sucede entre final y final? Así como el Boca-River nos distrae de cuestiones que debieran alertarnos sobre nuestra calidad de vida, esta final superlativa nos hace pasar de largo cuestiones que nos marcan el franco deterioro del fútbol argentino, porque nadie deberá colgarse de la potencia que tienen los clubes más importantes de la Argentina para encuadrarlo como un logro estructural.

La proclamada Superliga es un torneo al que le siguen sobrando equipos (aunque esto sea herencia recibida), en donde los que protagonizan copas internacionales deciden poner equipos alternativos.

Las dificultades organizativas, con casi una fecha entera de partidos reprogramados, y con una falta enorme de lucidez para darse cuenta que el puntero del campeonato no debe jugar a la misma hora que una final de Libertadores.

Si la Conmebol invadió los fines de semana con tremenda propuesta, debiera la Superliga organizar la fecha entre semana. Salvo que tengan claro, que si no juegan sus partidos Boca y River nada les parezca relevante.

Están debilitando un producto que vendieron en buena plata, pero no logran darle brillo. Están debilitando un producto que vendieron en buena plata, pero no logran darle brillo.

Mientras esperamos la revancha del 24 en el Monumental, hay otro tema que lastima y duele: la selección argentina. Mientras se prepara para jugar amistosos con Mexico, las entradas se venderán a la mitad de los precios estipulados por la nula expectativa tanto en Córdoba como en Mendoza.

Pero de la selección duele la incapacidad de la dirigencia de AFA, que ante la falta de nombres al alcance y sobre todo de ideas, elige darle continuidad a Lionel Scaloni.

Hace ruido que todos los técnicos que podrían considerarse eludan la oportunidad. Desde Martino, Pochettino, hasta Simeone y Gallardo prefieren otros desafíos antes que el seleccionado. La negativa obedece a algunas razones que parecen naturales: un fútbol argentino sin largo plazo, una dirigencia sin convicciones y un recambio generacional que no parece de jerarquía.

Ahora bien, en este escenario tampoco ayudan los antecedentes de una era en la selección donde se alteraron los roles y donde en la intimidad hubo mucho de logia. Y sobre todo, resulta curioso, que estos entrenadores le esquiven al desafío de dirigir a Messi. ¿Si suponemos que Leo volverá a la selección, por que nadie con prestigio se tienta con ese reto? Y nos dejará más dudas aún si Messi es un ángel, o es un demonio.

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