“Tené la plena seguridad de que todo lo que dije es la pura verdad”, le dijo pasadas las dos de la madrugada a uno de los abogados que colaboran en su defensa. Si bien estuvo acompañado sólo por la marplatense Raquel Pérez Iglesias, hay al menos otros tres letrados e incluso una ex colaboradora que hoy ocupa otro cargo en el Poder Judicial que, sin estar oficialmente designados, le ayudan todo el tiempo en su defensa.
El episodio sobre el que brindó mayores explicaciones fue el que involucra al ex directivo de la petrolera venezolana PDVSA Gonzalo Brusa Dovat. Stornelli explicó la presencia de D'Alessio en su despacho mientras el uruguayo Brusa Dovat declaraba en que su despacho es "de puertas abiertas". Acaso la presencia de D’Alessio hubiera significado una “tranquilidad” para Brusa Dovat, quien prometía información de alto valor para las causas de corrupción que se estaban investigando.
Stornelli admitió que pudo haber sido un error, pero nunca parte de un entramado delictivo.
Sobre Etchebest recordó que se conocían desde el pasado lejano con D’Alessio e incluso tenían vínculos con otro de los imputados, el ex policía Ricardo Bogoliuk, con quien compartía oficinas en Puerto Madero.
Esa relación antigua, sumada a la supuesta manipulación de los chats encontrados en los teléfonos de D’Alessio y corroborados en los de Etchebest demuestran, a juicio de Stornelli, que ambos estaban complotados en una maniobra para perjudicarlo.
El fiscal pidió peritajes sobre esos chats. Pareció recurrir a información que consta en otro expediente, la “Operación puf”, que investiga el juez Claudio Bonadio. Allí –según deslizaron fuentes consultadas por A24.com- la activación de las antenas parecen demostrar que algunos de los diálogos no ocurrieron en los momentos en que figuran registrados. Por ejemplo, Stornelli sostiene que hay intercambios en la reunión que sostuvo con D’Alessio en el balneario CR de Pinamar que no se produjeron en ese lapso sino cuando el falso abogado y Etchebest ya estaban en la ruta, regresando a Buenos Aires.
El fiscal también negó que el cuaderno en el que aparecen las anotaciones que dan cuenta de la supuesta cámara oculta que D’Alessio iba a hacerle al abogado José Ubeira, defensor del ex titular de Yacyretá, Oscar Thomas, es una prueba plantada. Porque D’Alessio no tenía ese cuaderno cuando estuvieron en la confitería del balneario.
Es cierto que Stornelli mencionó a Fariña. Pero no lo propuso como testigo formal (el financista arrepentido se asumió como imputado en la causa que tramita en Dolores). Sí, como referencia para corroborar algunos de sus dichos. Lo mismo hizo con otros potenciales testigos. La decisión de convocarlos o no quedó a criterio del juez Ramos Padilla.
A propósito del magistrado, Stornelli se llevó una buena impresión de él. El diálogo fue cordial y respetuoso durante toda la indagatoria y Ramos Padilla asumió el compromiso de mantener en reserva la declaración hasta que sea desgravada e incorporada al expediente.
A la recíproca ocurrió algo similar. Fue como si ambos comprendieran algo que debieron haber comprendido desde el principio: es una causa judicial y no una disputa personal.
No está prevista una nueva presencia de Stornelli en Dolores. Cerca de las 18.30, cuando se planteó esa posibilidad, Ramos Padilla le preguntó al fiscal si prefería continuar otro día pero Stornelli prefirió extender la jornada y terminar su declaración el mismo viernes. Por eso terminó tan tarde.
Los plazos ordenatorios del Código Procesal Penal establecen que en diez días hábiles Ramos Padilla debería resolver la situación procesal de Stornelli. Atento a la documentación que pidió el fiscal, a las medidas de prueba que sugirió y –sobre todo-a lo que ocurrirá la semana próxima con el intento de arrepentimiento de D’Alessio, la definición podría extenderse algunos días más.