En este sentido, el otro caballo de la calesita al que está subida Florencia se llama Cuba, país con un excelente sistema de salud y también con fuertes restricciones en materia de extradición y de acceso a la información pública.
A través de su abogado, Florencia propone que los jueces le pidan al embajador argentino en Cuba Javier Figueroa, ex funcionario kirchnerista, que vaya al Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ) y consiga la información médica.
Pero si a los jueces no les gustara ese camino, un tanto heterodoxo porque el trabajo de los embajadores no es diligenciar pedidos de los jueces, tienen el “exhorto”.
El exhorto es el mecanismo que está previsto por la ley y que, de hecho, es el que se usa habitualmente para estos casos. Se trata de una carta que requiere una serie de tediosos requisitos formales y que, pese a su antigüedad, no todos los jueces han aprendido a hacer. En efecto, más de la mitad vuelven rebotados porque están mal hechos.
En el caso de Florencia Kirchner, los jueces deben enviar el exhorto a la Cancillería. Una vez que lo recibe, lo Cancillería la manda a Cuba. La autoridad cubana es quien tiene que aceptar el pedido, no tiene plazos ni obligación y puede desecharlo.
Si lo acepta, la autoridad cubana debe pedir la información de Florencia Kirchner al hospital, hacer otra carta y enviarla a la Cancillería argentina. Por último, una vez que la recibe, Cancillería se la debe hacer llegar a los jueces.
¿Cómo se define todo? En la relación que tenga el Gobierno argentino con el cubano. El final es abierto. Pero pareciera que Florencia ya se ganó la sortija por estar subida a los dos caballos de la calesita.