En octubre de 2008, en los días en que Néstor Kirchner compró los dólares, el contexto era complicado: había una crisis financiera internacional y el país atravesaba un momento de inestabilidad económica con el dólar en alza, desconfianza de los mercados y fuga de capitales.
Sin embargo, para Bonadio esto no fue un delito y la operación se hizo “dentro de los parámetros que fija la ley”. El entonces fiscal Gerardo Di Masi le había aconsejado al juez desestimar la investigación por considerar que “no había diferencias significativas en el valor del dólar billete en el mercado de cambios” después de hecha la compra.
Irónicamente, los efectos de jugar con la información privilegiada tanto para el patrimonio personal como para las arcas públicas, justificó gran parte de los procesamientos que Bonadio dictó contra Cristina Kirchner y otros funcionarios en el año 2016 en el expediente “dólar futuro”.
Como muchos jueces federales, las relaciones de Bonadio con el poder político y en particular con los “K” están lejos de ser lineales y constituyen la razón principal de ese gran déficit de la justicia que es la credibilidad.