Así las cosas, Bonadio ya tiene cuatro arrepentidos: el chofer Oscar Centeno, que redactó los cuadernos que desataron la hecatombe; Juan Carlos De Goycoechea, el ex presidente de Isolux que se quebró el viernes pasado; y a los empresarios Calcaterra y Sánchez Caballero.
Y salvo Centeno, el resto de los empresarios eligieron volver a sus casas, sin necesidad de cambiar sus identidades, explicaron las fuentes.
No se descarta que algún otro quiera pedir hablar: saben que el tiempo se achica para que los oídos de los investigaciones permanezcan abiertos y que cada vez será más la exigencia sobre lo que se pretenda desde Comodoro Py.
Los tres empresarios colaboradores que ya hablaron tuvieron un eje en común: la plata fue una exigencia desde el mismo Gobierno, que recaudada Roberto Baratta, mano de derecha de Julio De Vido.
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Roberto Baratta, ex mano derecha de De Vido y recaudador.
Pero además la estrategia de los empresarios busca cambiar la hipótesis principal: aunque Bonadio los acusó de integrar una asociación ilícita que recaudó dinero, las nuevas revelaciones dejan en la cabeza de los ex funcionarios kirchneristas esa actividad, mientras que los hombres de negocios pasarían a ser víctimas de una extorsión.
“Sí, pagaron, pero obligados porque se caigan sus negocios”, explicaron fuentes judiciales.
Qué buscan las defensas de los empresarios. Apuestan así a que se cambie la acusación en su contra. No es poco cambiar el delito de coimas a unas exacciones ilegales en donde la responsabilidad cae sobre los funcionarios públicos y deja indemne a los que se vieron obligados.
Esa será una decisión que más tarde tendrán que analizar Stornelli y Bonadio, aunque ya dejaron en claro que no todos los empresarios para ellos fueron lo mismo. Hay otros otros poderosos que hoy mismo estaban siendo trasladados a la prisión.