En una de sus primeras apariciones públicas, el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Carlos Rosenkrantz, estuvo en el Rotary Club de Buenos Aires.

En una de sus primeras apariciones públicas, el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Carlos Rosenkrantz, estuvo en el Rotary Club de Buenos Aires.
La cita había sido acordada hacía muchos meses, cuando todavía quien presidía el máximo tribunal era Ricardo Lorenzetti.
El encuentro tomó otro color y sonó más a manifiesto de gestión que al discurso de un simple cortesano. Todo en el protocolar marco del protocolar (SIC) y correcto Rotary Club
Lo que primó en sus palabras iniciales y las preguntas que le formuló la periodista Clara Mariño fue su visión casi técnica de la Justicia y el Derecho. “El derecho es el lubricante de nuestra convivencia social”, afirmó.
“Debemos ser independientes de nuestras propias convicciones ideológicas y políticas ”, dijo. “Deshonramos a la Constitución si le hacemos decir las cosas que queremos que digan y no dicen”, agregó. La idea de fondo es una Justicia muy apegada a la letra fría de la ley.
? “Hay cambios relativamente fáciles de hacer”, sostuvo. Habló de mejorar el Código Procesal Penal (lo que está próximo a debate en el Congreso) y enfatizó principalmente en que la nueva redacción va a castigar “la mentira” en las declaraciones: “El proceso es una instancia que concentra la energía en encontrar la verdad en medio de mentiras de todas las partes ”, definió.
Además destacó la implementación de la ley del arrepentido. “El arrepentido rompe la solidaridad entre los acusados”, sostuvo.
Sin embargo, no fue tan optimista en lo que hace a cambios culturales. “Lo que no se mira y no se controla, no mejora. Los jueces en la Argentina somos muy poderosos”, repitió y aseguró que ellos son los “Únicos funcionarios elegidos de por vida” en una “comunidad jurídica que no es intensa al controlarnos”. Esta fue quizás la única crítica real al sistema judicial
Destacó la calidad humana de los funcionarios, pero pidió no “descuidar la formación legal”. Otra vez, la idea del derecho como saber técnico. ¿Cómo ve a sus pares? Tres frases. “A los jueces los tenemos que ubicar no por virtudes morales y emocionales” (sino por su conocimiento técnico); “Todo juez debe ser íntegro de modo de que pueda”; “Los jueces cambiantes socavan la Justicia ”. ¿Teléfono para aquellos que cambian según el poder de turno?
También dedicó un párrafo a hablar de las causas de corrupción y al lugar que la Justicia tiene frente al tema. “Es injusto endilgarle a la Justicia el retraso en las causas de corrupción”, sostuvo. “ Inculpar a la justicia es exculpar a las otras cosas que funcionan mal en el país”, defendió. Y de paso, también protegió a sus pares, los magistrados: “Los jueces no hacemos las leyes ni elegimos a los jueces”.
Desestimó además que los cambios en el Consejo de la Magistratura vayan a detener las causas de corrupción. " Es una apreciación temeraria, no creo que corran riesgo", dijo. A todo esto, también declaró que parte de la mala imagen que tiene la Justicia es producto de los medios: "La opinión (negativa de la Justicia) es moldeada por los medios de comunicación"
“Independencia –contestó- no es despego por las circunstancias; es independencia de los intereses y ambiciones de los poderosos de turno”.
Para finalizar habló del legado que pretende dejar en la Corte con una frase que generó risas en los presentes. “No tengo una ambición falocrática”. Y agregó: “Este es un país que perdió la fe en el derecho. No cree que cumpliendo las normas vayamos hacia un país mejor”.
“Devolverle al país la fe en el derecho”. “Derecho” que, según su doctrina, no es sinónimo de Justicia.