Ceresso esperaba a Flavia en compañía de los hijos de ella, Kiara y Mateo, a bordo del auto estacionado sobre el cordón de la vereda de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, a un costado de la plaza Alberdi. La tarde era como cualquiera para un barrio tranquilo y residencial.
De pronto se acercó hasta el auto Mauricio Ariel G. y comenzó a gritarle al hombre que estaba frente al volante. Un testigo que pudo ver la escena contó que "el muchacho que llegó parecía sacado. Se acercó, le dijo algo y el otro se bajó. Los nenes estaban en el auto mirando todo. Entonces el tipo sacó un cuchillo, le dio una puñalada y cuando el otro cayó lo empezó a clavar. Después se fue caminando como si nada hubiera pasado".
Efectivos del Gabinete Criminalístico de la Policía de Investigaciones (PDI) que llegaron al lugar no encontraron dentro del auto ni en la calzada arma alguna que hiciera suponer que Ceresso estaba armado o que haya intentado defenderse. Sólo rastros de sangre sobre la calle.
Hasta anoche no se sabía la causa de la agresión, aunque los pesquisas especulaban con alguna escena de celos o un conflicto que se generó en la separación de Flavia y Mauricio. Tampoco se sabía anoche si la mujer estaba saliendo del hospital o alguien le avisó sobre lo que ocurría, pero llegó prácticamente un segundo después de la agresión y mientras ocasionales testigos llamaban al 911 ella se abalanzó sobre el cuerpo de Ceresso.
Con los datos de la vestimenta y las características físicas del homicida que algunos testigos dieron al 911, brigadas del Comando Radioeléctrico y la Policía Motorizada recorrieron la zona y encontraron a Mauricio G. a pocas cuadras. El hombre no opuso ningún tipo de resistencia al ser arrestado y eran evidentes sus ropas manchadas de sangre. Al revisarlo, los efectivos policiales le secuestraron el cuchillo que habría usado en el crimen.
Fuente: La Capital de Rosario