Todos pensaron que el chico se había cortado la cabeza con
un vidrio al caer al piso, pero nadie imaginó que podría haberlo impactado una
bala perdida.
En medio del aturdimiento que generó la situación, las
autoridades del club llamaron a una ambulancia, que nunca llegó.
El tío de Benjamín reaccionó con rapidez, cargó al chico y
lo subió a su auto. A gran velocidad se dirigió al hospital Vilela acompañado
por otra persona que llevó al chico en los brazos, intentando todo el tiempo
que no se desvaneciera.
Cuando llegaron a la guardia, rápidamente se le realizó una
tomografía, donde se pudo ver que no se trataba de un vidrio, sino que la
cabeza de Benjamín había sido blanco de una bala perdida. Los médicos ubicaron
a un neurocirujano y cerca de las 19 el chico entró a cirugía.
. Afuera esperaban sus padres, que fueron rápidamente anoticiados, los tíos de Benjamín, las autoridades de los clubes 7 de Septiembre y Pablo VI, y el ex jugador Mauricio Sperduti, porque es amigo de la familia.
“Estamos todos acá, esperando que salga de la cirugía, pero
sabemos que va a tardar varias horas”, comentó el jugador, rodeado de los
familiares que no podían creer lo que había ocurrido.
“Fue terrible, porque el chico estaba haciendo una entrada
en calor, había muchos pibes, era una actividad normal, un partido de fútbol
entre clubes. Benjamín juega desde muy chico en el club 7 de Septiembre”,
comentó Sperduti, quien ayer acompañaba a la familia en el Vilela. “Los padres
están destruidos”, expresó.
Por su parte, la subdirectora del hospital de Niños,
Carolina Binner, comentó a este diario que “el nene llegó consciente, con
somnoliencia y no pudo relatar muy bien qué le había pasado. Como manaba sangre
de la cabeza, se le practicó una tomografía donde se apreció que la herida
había sido provocada por un proyectil”.
Un equipo de neurocirujanos lo operó anoche, pero según
destacó la subdirectora del hospital, no se le pudo extraer el proyectil.
La profesional detalló que la bala “ingresó desde arriba
hacia atrás”.
Minutos después de las 20 el niño salió del quirófano y fue
derivado a la unidad de terapia intensiva, donde se irá monitoreando su estado
de salud para evaluar si se puede volver a intervenirlo quirúrgicamente.
Tomó intervención en el caso la fiscal de Flagrancia, Verónica
López, quien ordenó al gabinete criminalístico de la Policía de Investigaciones
(PDI) el levantamiento de rastros, fotografías y toma de testimonios a testigos
en el lugar.
. El noviembre del año pasado, un nene de 14 años murió tras recibir un impacto de una bala perdida mientras miraba cómo jugaban un partido sus hermanos en una canchita de Garibaldi y Pueyrredón.
Tuvo la desgracia de que muy cerca de donde miraba el
partido, también lo hacían dos hermanos a quienes los vecinos del barrio
señalaron por esos días como “soldaditos” que habían tenido algunos problemas
en el barrio.
Cerca de las 20.30 de ese fatídico día, hombre armados
irrumpieron en escena y todo se desbandó. El adolescente salió corriendo por
Pueyrredón al 4200 y recibió un balazo calibre 22 en la espalda. El proyectil
le lesionó la aorta y se le incrustó en la columna. Lo llevaron al Hospital de
Emergencias Clemente Alvarez (Heca), donde murió horas más tarde.
Se llamaba Pablo Silva y concurría a la escuela de República
Arabe Unida al 2200, a sólo cinco cuadras de donde fue mortalmente herido. El 5
de octubre había cumplido 14 años y tenía dos pasiones: Newell’s y Juan XXIII.
Precisamente en este último club jugaba en la octava división.
Dos meses antes, en la canchita del Club Deportivo Amistad,
en barrio Las Flores, se suspendió la práctica repentinamente ya que a metros
se desató un tiroteo entre bandas antagónicas. Por fortuna, no hubo heridos. En
2016, en el club Defensores de América, de Casiano Casas y Washington, pasó lo
mismo. Para seguir practicando, se construyó un paredón alrededor de la cancha.
Fuente: La Capital (Rosario)