Tiempo después, Soraya se afirma a un símbolo que sin saberlo le daría una posibilidad jamás imaginada. El logotipo de la empresa donde trabaja su papá es un dragón que a ella le llama la atención desde pequeña. Osca Uribe, presidente de la compañía en cuestión, no sólo habilita el uso de la imagen, sino que se convierte en patrocinador de la joven.
Envalentonada, Jiménez busca entrenador por internet y llega hasta Georgi Koev, un ex pesista búlgaro con amplia experiencia que vive en México. El técnico acepta entrenarla y le propone mudarse un año a Sofía para prepararse de la mejor manera para los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, que por primera vez tendrá al levantamiento de pesas femenino en su programa olímpico.
Competir en los Juegos ya es hacer historia para ella, pero las autoridades del deporte mexicano siguen sin confiar en Soraya. En Australia y en su cara, le auguran un 10º puesto. En la final de la categoría 58 kg, pelea palmo a palmo con la favorita y plusmarquista mundial, la norcoreana Ri Song-hui, y en el último intento, la mexicana levanta 127,5 kg para coronarse campeona olímpica. Es la primera mujer de su país en ganar una medalla de oro en los Juegos. Y la primera persona de México en colgarse una presea dorada en 16 años.
Los niveles de popularidad y de exposición después de esos Juegos son demenciales y Soraya no puede manejarlos. La prensa le cuenta las costillas y refleja sus salidas y escándalos nocturnos casi más que sus resultados deportivos. Dos años después de la medalla, da positivo en un control antidoping. Luego la absuelven, pero el daño está hecho. Sigue compitiendo, pero el cuerpo y la cabeza no son los mismos. Pierde la motivación. El día que debe viajar al Preolímpico para estar en los Juegos de Atenas 2004 no se presenta en el aeropuerto. Deja el deporte.
Los siguientes son años en los que Soraya intenta llenar el vacío del deporte con actividades que no concreta. Piensa en abogacía, psicología, gastronomía. Piensa en todo y en nada. Encuentra en el budismo un camino de relajación.
Es 28 de marzo de 2013. Soraya es encontrada muerta en su departamento. Nacho Fuentes, su primer entrenador, revela tiempo después que ella le confesó en el documental de ESPN “Destino Confidencial: el sueño de Soraya” que la ex atleta tenía un tumor cerebral. La familia de Soraya no puede afirmarlo porque lo desconoce. La causa del fallecimiento es un paro cardíaco, aunque no se le realiza autopsia por voluntad de su familia. A los 35 años y tras una vertiginosa carrera, la primera campeona olímpica mexicana dice adiós después de levantar mucho más que discos de hierro.