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POLÍTICA

Un año de Alberto: luces y sombras de una gestión que nunca terminó de arrancar

Un año de Alberto: luces y sombras de una gestión que nunca terminó de arrancar
Alberto Fernández en su discurso de asunción (Captura TV).

El mejor momento de Alberto Fernández como Presidente fue cuando le tocó anunciar la primera cuarentena y diseñar la estrategia contra el nuevo coronavirus que llegaba desde Europa y China. Se mostraba como un líder democrático, con capacidad de anticipación, de diálogo con la oposición, firme a la hora de tomar decisiones -difíciles pero necesarias-. Explicaba, era aplaudido por la clase media por sus brillantes disertaciones y sus filminas. Consultaba a científicos, se rodeaba de los mejores. La estrategia argentina se mostraba exitosa frente a un mundo que se derrumbaba. Durante esa primera etapa, Cristina Kirchner estaba en Cuba.

A un año de su asunción, Alberto Fernández tiene dificultades en todas las áreas de Gobierno y no termina hacer pie en casi ninguna. Fundamentalmente, le cuesta tomar el liderazgo de una coalición compleja, con intereses diversos y con integrantes que tienen posturas enfrentadas en muchos temas.

Y fundamentalmente, le costó sacarse de encima la sombra de su vicepresidenta Cristina Kirchner: su mirada actuó muchas veces como un veto a las ideas de Alberto o como un acelerador de temas que el Gobierno no estaba del todo convencido de implementar.

Sombras

Economía con números en cero

Le tocó la más difícil. Un país que ya heredaba una crisis importante, que arrastraba una devaluación de casi el 50% durante el Gobierno anterior, con una inflación disparada, con la deuda en virtual default, con un déficit fiscal altísimo. En ese escenario le tocó cerrar por completo la economía en medio de la pandemia. En abril, solo por citar un ejemplo, la producción automotriz llegó a cero.

Por supuesto, que no fue Alberto el que eligió la pandemia. Pero en ese contexto, se necesitaban algunos gestos que para dar señales de que no se iba a una venezuelización de la economía. Los gestos no aparecieron: Alberto intentó expropiar Vicentín, lanzó el impuesto a las grandes fortunas, se peleó con empresarios, no tuvo posturas claras respecto a la defensa de la propiedad privada.

Todo en un momento en que el Estado prohibía el normal funcionamiento de las actividades. Negociada la deuda, se esperaba que el país pudiera recuperar la confianza. Pero eso no pasó: siguió el drenaje de dólares del Central, tuvieron que endurecer el cepo y el dólar blue rozó los 200 pesos.

Educación, con las aulas en cero

Quizás el punto más flojo de la gestión de Alberto. No solo cerró las escuelas (en un primer momento, por consejo de los epidemiólogos) sino que ignoró completamente el problema de mantener a los chicos sin clases presenciales.

Focalizó su política educativa en proteger a los docentes frente a la pandemia. No aumentó el presupuesto educativo, se negó a declarar la emergencia en la materia y hasta ahora no logra dar certezas de que las clases (presenciales) vayan a volver a empezar en 2021, aún cuando el resto de los países del mundo y la OMS advirtieron que es importante que las escuelas sigan abiertas pese a la pandemia.

Gabinete: ¿hay equipo?

No logró armonizar un equipo de trabajo. El Gabinete quedó completamente loteado desde el principio y con el correr de los meses se notó cierta lentitud en la toma de decisiones. La presencia de la vicepresidenta se hizo observó en todas las áreas y ella misma reconoció que "hay funcionarios que no funcionan". Hasta ahora Alberto Fernández solo movió una pieza (su ministra de vivienda, María Eugenia Bielsa) y la reemplazó por un intendente ultra cristinista. El gabinete necesita más cambios; ¿estará dispuesto Alberto a reemplazar algún funcionario con el riesgo de que el Instituto Patria decida ocupar ese espacio?

La política, virtual

En los primeros días de gobierno (antes de la pandemia) Alberto repetía a sus funcionarios que ellos se dedicaran a gestionar y que él se encargaría de la política.

Dijo que él gobernaría con 24 gobernadores, casi un primus inter pares (primero entre pares) como se dice en la jerga politológica.

También dijo que iba a convocar al diálogo, que iba a conformar un Consejo Económico y Social para discutir en una misma mesa con sindicatos y trabajadores.

Que iba a convocar a la oposición (lo hizo durante la primera parte de la cuarentena hasta que decidió romper su alianza con Rodríguez Larreta).

Que iba a conformar una mesa del hambre para tratar el problema más urgente de la Argentina.

Pero todo eso quedó interrumpido. Quizás fue por la pandemia; quizás por la resistencia de Cristina a los grandes acuerdos; quizás por la propia lentitud de Alberto a la hora de tomar decisiones. Por lo que sea, esa promesa de campaña quedó incumplida. Y al gobierno de Alberto, que contrastaba en el imaginario con la gestión "empresarial" de Macri, le terminó faltando política.

Claroscuros

Pandemia. ¿Pudo haber sido peor?

"En nuestro diagrama de crisis, la principal preocupación era cómo íbamos a sacar a los muertos de las villas". La frase la repiten con matices funcionarios del gobierno nacional, provinciales y municipales. En La Matanza hacían cuentas de si alcanzarían los cajones para velar a la gente.

Tuvo momentos de alzas y momentos de bajas. Pese a la extensa cuarentena, la Argentina no pudo evitar estar entre los 10 países de más contagios y entre los 10 con más muertos por millón de habitantes, superando a chile, Brasil y México, tres países con los que se comparaba al principio de la cuarentena. Está al nivel de los Estados Unidos.

El Gobierno desoyó las críticas opositoras: no amplió la cantidad de testeos, ni el equipo de asesores ni avanzó con la idea de la cuarentena valvular focalizada que proponían epidemiólogos no alineados con el oficialismo.

Sin embargo, Argentina evitó la tan temida saturación del sistema sanitario, salvo en contadas localidades. ¿Éxito o fracaso? Se sabrá al final de la pandemia. Cabe recordar que la pandemia pega peor en invierno y recién ahora Europa vive su primer invierno entero con Covid-19.

La Justicia, ni chicha ni limonada

  • Alberto presentó un proyecto para reformar la Justicia. Quedó cajoneado en algún lugar de la Cámara de Diputados.
  • Alberto armó una comisión de juristas para analizar otros cambios en la Justicia. Sus opiniones están en análisis pero no avanzaron.
  • Alberto presentó un candidato a Procurador. Su pliego está cajoneado.

Las ideas de Alberto sobre la Justicia quedan en un empate. Sin consenso con la oposición es imposible que salga una reforma. ¿No es mejor que quede frenada una reforma sin consensos antes de que salga por la prepotencia de los números? ¿Fue eso parte de una estrategia buscada?

La relación de Alberto con la Justicia queda así indefinida. Insuficiente para muchos; demasiado para otros.

Luces

Deuda, una negociación elogiada por todos

Alberto asumió su gestión con una nueva crisis de deuda externa. Martín Guzmán, ministro de Economía debutante en política asumió el desafío de renegociarla. Se tomó su tiempo pero logró resultados que fueron elogiados incluso por dirigentes opositores como el exministro de Economía Hernán Lacunza o el expresidente del BCRA Luis Caputo.

Al menos provisoriamente (todo es provisorio en este país) logró colocarse una pequeña medalla. Guzmán dijo que eso traería confianza y no pasó. Pero la medalla está puesta para exhibir ante cualquier crítica.

Gestión social

El 40% de pobreza (medido por la UCA) se explica por la situación económica. Desde lo social el Gobierno logró contener la crisis, al menos por ahora. No es nada para enorgullecerse. Pero no es poco que el país no haya volado por el aire en medio de una pandemia y una cuarentena eterna. La ayuda social fue poca pero llegó. Se evitaron los saqueos y se logró que en un contexto horrible la gente se quedara “en sus barrios”.

Con altibajos, la tarjeta alimentaria, el IFE, el ATP llegaron y sirvieron como dique de contención.

Equidad de género

Aún con pandemia, siguió insistiendo con esa política que prometió en campaña. Creó el Ministerio de la Mujer, presentó un presupuesto con perspectiva de género, este año es posible que se legalice el aborto.

Fue una de las pocas políticas que no quedó alterada por la pandemia.

Poco tiempo y con pandemia. Las dificultades fueron y son evidentes. ¿Tendrá tiempo Alberto para corregir los errores de su primer año de gestión?

por Pablo Winokur @pablowino
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