"Fue una de las experiencias más increíbles que viví en mi vida. Principalmente, porque empecé a correr en marzo de este año con un plan que me propusieron de Adidas. Corrí algunas carreras en países y en septiembre era esta maratón de 42km. Al principio dije que era imposible porque no corría ni una cuadra. Poco a poco acepté porque me encanta los desafíos, me parecía increíble a nivel personal, a modo físico y mental", subrayó Micaela, todavía en Alemania.
Y siguió su emotivo relato: "Llegué a Berlín con mucho miedo, no me sentía preparada del todo, tuve fracturas por estrés en las tibias. Después me agarro tendinitis en el talón de Aquiles, salí con poco entrenamiento, no tan preparada como hubiera querido. Mi coach colombiano me adaptó el plan de ejercicios. Fui cumpliendo el plan a rajatabla y con kinesiología. Estaba ansiosa y movilizada por lo que iba a vivir".
"El jueves llegué a Berlín y viendo el clima que había, con más de 40 mil atletas de todos los países, decía 'qué hago acá, no voy a poder'. El viernes tuve un ataque de llanto y miedo".
"No sabía cómo me iba a sentir, cuánto iba a tardar. Pensé que no podía hacerlo. El sábado me agarraron los capitanes y me dijeron que podía porque era fuerte de cabeza", agregó
Vázquez.
"Mi familia y mi novio también me apoyaron y me iban mandando mensajes horas antes de la carrera. El domingo a las 10 de la mañana salí a correr, le puse cabeza, alma y corazón. Soy fuerte de cabeza y corrí hasta el Km 25 no fue tan difícil, sí me dolía el cuerpo, pero iba alegre, feliz, cantando. El clima es increíble, cada 3 Km había una banda nueva tocando".
Micaela, sobre el final de la carrera, comenzó a sufrir un poco más:
"A partir del Km 30 empieza a costar mucho más todo. Lo máximo que había corrido eran 21 Km. Seguí corriendo hasta que en el 37 Km no podía más, se acercó mi coach y me dijo 'cómo andaba'. Lo miré llorando y le pregunté cómo seguir en esos 5 Km que faltaban. Me dijo que iba a cruzar la meta y que iba a estar orgullosa, me dio una palmada y seguí corriendo". Pero hubo final feliz: "
Fui y el último KM me lo hizo la gente. Cuando crucé la meta me largué a llorar, no podía creer lo que había hecho. Sabía que mi familia y amigos estaban esperando eso. Me acuerdo y me agarra piel de gallina, ganas de llorar. Hoy estoy sin poder caminar pero muy feliz".