Fue en una de esas salidas donde comprendió que algo especial estaba ocurriendo. "Y nos dimos cuenta de que algo pasaba con esa escena el primer sábado que se estrenó y salimos por algunos barrios a ver cómo andaba la película. Fuimos al cine de avenida Boedo, estaban los acomodadores afuera, esperando que terminara la película, y uno de ellos me dice: "tres empanadas". Y ahí me enteré que algo pasaba con eso". Ese momento marcó un antes y un después en la percepción de la escena.
Con el paso del tiempo, esa identificación permanente con una sola línea también generó sensaciones encontradas en el actor. "A principio, me halagaba un poco que me recordaran esa escena, ahora con más de 30 años de carrera, que te digan lo mismo, me dan ganas de decirles: 'mirá hice alguna otra cosa en mi vida'", confesó, dejando ver el peso que puede tener un éxito tan contundente.
Finalmente, Brandoni también reflexionó sobre el contraste entre la reacción del público y la naturaleza del fragmento: "Y lo que más llamó la atención es que la escena tiene un final que no es gracioso. Esa escena de esa película son al cine lo que el tango Cambalache es al teatro". Así, el actor dejó al descubierto uno de los secretos mejor guardados detrás de una de las frases más emblemáticas del cine nacional, que hoy, tras su muerte, vuelve a resonar con más fuerza que nunca.