POLICIALES

Se filtró qué fue lo que lo último que dijo el peluquero antes de matar a su compañero en Recoleta

La escena parecía una jornada laboral más en una peluquería del barrio porteño de Recoleta. Tijeras en movimiento, secadores encendidos y conversaciones cotidianas entre clientes y estilistas componían un clima habitual. Sin embargo, detrás de esa rutina, se gestaba una tensión silenciosa que terminaría en tragedia. El relato de uno de los testigos presenciales permitió reconstruir con crudeza los momentos previos al crimen que conmocionó al sector.

Se filtró qué fue lo que lo último que dijo el peluquero antes de matar a su compañero en Recoleta

La escena parecía una jornada laboral más en una peluquería del barrio porteño de Recoleta. Tijeras en movimiento, secadores encendidos y conversaciones cotidianas entre clientes y estilistas componían un clima habitual. Sin embargo, detrás de esa rutina, se gestaba una tensión silenciosa que terminaría en tragedia. El relato de uno de los testigos presenciales permitió reconstruir con crudeza los momentos previos al crimen que conmocionó al sector.

El hecho tuvo lugar el 20 de marzo de 2024 en un local ubicado sobre la calle Beruti al 3000. Allí trabajaban codo a codo Abel Guzmán, hoy acusado, y Germán Medina, la víctima, quien se desempeñaba como colorista. Ambos compartían el espacio laboral desde hacía tiempo, lo que vuelve aún más impactante el desenlace violento que tuvo esa relación.

El juicio por homicidio en Recoleta avanza

Carlos Alberto Sorín, también empleado del lugar, se convirtió en una pieza clave para entender lo ocurrido. Su testimonio aportó detalles que describen una progresiva transformación en la actitud de Guzmán a lo largo del día, señales que en ese momento pasaron inadvertidas, pero que hoy adquieren un significado inquietante.

Según su reconstrucción, la jornada comenzó con cierta normalidad, aunque desde temprano se percibía algo distinto en el comportamiento del acusado. “No era el mismo de siempre”, señaló el testigo, quien aseguró haberlo notado distante, con una seriedad inusual. Ese cambio de ánimo se hizo más evidente hacia el mediodía, cuando Sorín le realizó un corte de pelo.

Durante ese momento, Guzmán pidió raparse completamente, una decisión que llamó la atención de su compañero. El gesto, aparentemente trivial, fue interpretado después como un indicio de su estado emocional. Tras el corte, el acusado se retiró brevemente del local, sin dar mayores explicaciones.

Al regresar, su actitud no mejoró. Por el contrario, se mostró aún más retraído y ajeno a la dinámica habitual del lugar. Según el testigo, en un hecho poco frecuente, ambos decidieron salir a tomar un café. Fue en ese contexto donde Guzmán dejó entrever frases que hoy resuenan con fuerza.

“Hoy se termina todo”, habría dicho en tono serio, sin profundizar demasiado. También mencionó que necesitaba “paz mental”. Estas expresiones, que en su momento pudieron parecer ambiguas o incluso exageradas, hoy son interpretadas como una clara antesala del ataque.

La tarde avanzó con una tensión creciente, casi imperceptible para quienes no estaban atentos a los detalles. El clima en la peluquería se tornó incómodo, aunque nadie imaginaba el nivel de violencia que estaba por desatarse. Fue en ese contexto que, según el relato, Guzmán tomó una decisión que cambiaría todo.

En un movimiento repentino, cerró la puerta del local y bajó las cortinas, dejando a todos los presentes encerrados en el interior. La acción generó desconcierto inmediato. Acto seguido, se dirigió al dueño del establecimiento y lo increpó con una frase directa: “Vos tenés algo para decirme”.

El propietario intentó calmar la situación y propuso postergar la conversación para el día siguiente. Pero la respuesta de Guzmán fue tajante: “No, hoy vamos a hablar”. En ese instante, la escena escaló de manera abrupta.

Sin mediar más palabras, el acusado extrajo un arma de fuego y comenzó a amenazar a los presentes. “Quedate quieto porque te vuelo la cabeza”, habría dicho, generando pánico entre quienes se encontraban allí. La tensión llegó a su punto máximo cuando lanzó otra frase cargada de violencia: “Ustedes no saben con quién se meten”.

Fue entonces cuando dirigió el arma hacia Germán Medina. El disparo marcó el desenlace fatal de una secuencia que duró apenas minutos, pero que quedó grabada para siempre en la memoria de los testigos. El ataque dejó a todos en estado de shock.

Tras efectuar el disparo, Guzmán escapó del lugar de una manera tan inesperada como su accionar: huyó por una ventana, desapareciendo rápidamente de la escena. A partir de ese momento, se inició una intensa búsqueda que se extendió durante más de dos meses.

Durante 70 días, el acusado permaneció prófugo, mientras la investigación avanzaba con la recolección de pruebas y testimonios. Finalmente, fue detenido en la localidad bonaerense de Moreno, poniendo fin a su fuga.

En su primera intervención judicial, Guzmán reconoció su responsabilidad en el hecho, aunque intentó explicarlo desde un desborde emocional. “Me cegué, no controlé mi ansiedad ni mi bronca, saqué el arma y disparé”, declaró. Sus palabras reflejan un intento de justificar lo ocurrido como un acto impulsivo, aunque la Justicia deberá determinar el grado de premeditación.

El proceso judicial se desarrolla en el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 24, donde se llevan adelante las audiencias correspondientes. La tercera jornada del juicio fue programada para el miércoles 29 de abril a las 13.30, en un contexto de fuerte expectativa por parte de la familia de la víctima.

Los abogados defensores del acusado, Claudio Domingo Severino y Ricardo Alfredo Sanetti, trabajan en la estrategia que buscará atenuar la responsabilidad penal de su cliente. Sin embargo, los testimonios acumulados hasta el momento presentan un escenario complejo para la defensa.

Uno de los momentos más conmovedores del proceso fue el testimonio de Mónica Graciela Ríos, madre de Germán Medina. Con profundo dolor, relató cómo vivió las horas posteriores al hecho. “Llegué al Hospital Fernández pensando que mi hijo estaba vivo, que había tenido un accidente, y me encontré con que estaba en la morgue”, expresó.

Su declaración dejó al descubierto el impacto devastador que el crimen tuvo en el entorno familiar de la víctima. Además, recordó a su hijo como una persona “alegre, trabajador y dedicado”, destacando su compromiso con la profesión y su calidad humana.

El caso generó una fuerte repercusión no solo en el ámbito judicial, sino también en el sector de la estética, donde compañeros y colegas de Medina expresaron su consternación. La violencia irrumpió en un espacio asociado al cuidado personal y la creatividad, dejando una marca difícil de borrar.

A medida que avanza el juicio, se profundiza el análisis sobre las circunstancias que rodearon el hecho. ¿Se trató de un estallido emocional momentáneo o de una situación que venía gestándose con antelación? Las declaraciones de los testigos parecen inclinar la balanza hacia esta última hipótesis.

Las frases pronunciadas por Guzmán horas antes del ataque, su cambio de actitud y las acciones que tomó dentro del local sugieren un proceso interno que derivó en la tragedia, más allá de su intento de presentarlo como un impulso incontrolable.

Mientras tanto, la familia de la víctima insiste en la necesidad de una condena acorde a la gravedad del hecho. Para ellos, no hay margen para interpretaciones que minimicen lo ocurrido. La pérdida es irreparable, y el pedido de justicia se sostiene como único consuelo posible.

El caso continúa desarrollándose en los tribunales, donde cada testimonio suma piezas a un rompecabezas marcado por la violencia y el desconcierto. Lo que comenzó como un día más de trabajo terminó convertido en una historia que expone las consecuencias extremas de un conflicto no resuelto.

En ese contexto, la reconstrucción de los hechos no solo busca establecer responsabilidades, sino también comprender cómo una situación cotidiana puede escalar hasta un punto sin retorno. La tragedia de Beruti al 3000 se instala así como un recordatorio brutal de lo que puede ocurrir cuando la violencia encuentra su camino.