* Este texto forma parte del newsletter "Diario de la Procrastinación", de la red de newsletters de A24.com. Si te interesa recibirlo podés suscribirte acá.

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Lunes
Murió Max Berliner, “a dos meses de cumplir 100 años”, según los medios se encargan de resaltar.
A propósito, una anécdota de Borges. Su madre también murió a los 99 años y un periodista intentó consolarlo: “Qué lástima, le faltaba tan poquito para los 100”. Borges: “Me parece que usted exagera los encantos del sistema decimal”.
Martes
Me gustan las historias de redención tardía, los rumbos inesperados de algunos personajes, las carreras que se construyen por fuera de la lógica.
José López Rega fue una de las personas más influyentes y que más daño causó en los años 70, pero su camino al poder no fue parte de un plan perfecto: pocos años antes de convertirse en un monstruo, López Rega era apenas un policía jubilado con algunas inquietudes esotéricas. Hay una prehistoria fascinante que está contada en el gran libro de Marcelo Larraquy. Acá pueden leer un fragmento.
Otra historia así es la del Papa Francisco, que en 1990 fue obligado a un exilio en Córdoba por diferencias con los jesuítas. También lo explica Larraquy en esta.
¿Por qué estoy hablando de esto? Desde que ganó Alberto Fernández pienso en el tuit de Jazmín, una ex compañera de Clarín. "Hace dos años, en el bunker de Randazzo -que era candidato a senador- Alberto Fernández, que como político casi retirado era su jefe de campaña, me dijo que me invitaba un whisky si llegaban al 5%. Hoy él compitió por la presidencia y sacó más del 47%. Fue hace dos años".
Miércoles
Me despierto a las 4.30 am para tomar un avión. Me baño, me visto rápido con la ropa que había dejado preparada hace apenas unas horas y cuando prendo las luces del living veo un bicho caminando por una de las paredes. El taxi ya me espera afuera y la situación me obliga a actuar con rapidez, pero estoy desconcertado. Siento asco pero también es como si el intruso fuera yo. Me pregunto si no habré interrumpido algo del ritmo habitual de mi casa.
Es un día muy largo, que termina muchas horas después en la cama de mi infancia. Estoy cansado, mal dormido pero miro al techo y pienso en qué estará pensando mi madre, que duerme a pocas metros de ahí. Aunque no sé si ella duerme y mi mente entra en un juego paranoico: ¿Estará mi madre pensando que yo no me puedo dormir porque estoy pensando en ella?
Googleo antes de dormir, la luz del celular estalla en las pupilas dilatadas: el bicho que apareció en casa era una babosa. Me cuesta darme cuenta de que eso pasó hoy.
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Jueves
Leo que hay polémica con la decisión de Lucrecia Martel como jurado del Festival de Venecia, porque decidió no asistir a la presentación de la película de Roman Polanski. Lucrecia Martel siempre me pareció una figura cautivante. Ya su nombre me parece una maravilla, sus anteojos, su figura etérea. Una vez la vi en una marcha del movimiento feminista y parecía un ser de otro planeta. Y además en esta nota Lucrecia nos ayuda a pensar qué hacer con Polanski, con su obra, con los cupos y la corrección política.
Mi sobrino me pide que lo lleve a rendir el carnet de conductor. Circulo por calles y barrios que hace mucho no recorría, algunos barrios cambiaron mucho, otros están igual. Por la radio suenan jingles insólitos: son melodías pegadizas pero las letras parecen agrupar y rimar conceptos que no tienen nada que ver con el rubro que pretenden vender. “Siempre dando más, Farmacia Española, Servicio y Calidad, Farmacia Española”. ¿Que sería “dar más” para una farmacia? También “La Casa del Cartucho” se promete “brindar más”. ¿Brindar? ¿Brindamos con la tinta? De todas maneras los jingles tienen una potencia asombrosa y me la paso cantándolos.
Viernes
Yo no recomiendo cosas para pretenciosos ni para snobs. Incluso la mayoría de nosotros, los procrastinadores, olvidamos argumentos o se nos mezclan los nombres de las películas, con lo cual ni siquiera estamos seguros de lo que vimos. No hace falta haber visto todas las películas de Almodóvar ni todas las de Martel para disfrutar de este discurso maravilloso que Lucrecia le dedica a Pedro (aunque no de. Sobre el amor, el arte y la empatía, una triada a la que todos deberíamos poder aspirar.