Pero Silvia no se había quedado tranquila, veía que Juan
Carlos no estaba bien. Por eso llamó a una ambulancia del Sistema Integrado de
Emergencias Sanitarias. "Lo revisaron y me dijeron que le entraba bien
aire en los pulmones y que lo lleve a control al otro día", sostuvo.
Cuando la pareja se acercó a la guardia el martes, alrededor
de las tres de la tarde, la sala de espera seguía repleta. "Andá a
decirles que me duele, que no puedo aguantar más", le dijo el hombre
desesperado a la mujer. "Me dijeron que no lo podían atender porque tenía
ocho personas adelante. Me dijeron que estaban saturados", recordó ella.
Mientas tanto, las horas pasaban y no tenían ninguna
respuesta. Silvia le pedía que aguantara, que ya faltaba poco. Alrededor de las
21, Juan Carlos se bajó el gorro. Ella pensó que eso podía ayudarlo a dormir un
rato. Pero hubo algo que le llamó la atención. "Estaba muy quietito y me
parecía raro porque si no a cada rato me llamaba. A los cinco minutos le
levanto la gorrita y ya se le caía la baba. Estaba muerto", detalló
consternada.