En la entrada hay una placa que dice: “En esta casa vivió Diego Armando Maradona”. Al ingresar, el tiempo retrocede unos 40 años.

Algunos entran arrodillados al santuario, el lugar que sirve de veneración en la casa museo de Diego Maradona.
En la entrada hay una placa que dice: “En esta casa vivió Diego Armando Maradona”. Al ingresar, el tiempo retrocede unos 40 años.
Una señora se acerca con sus dos nietos. “Ellos hablan más de Messi. Pero es muy bueno que conozcan este lugar”, dice convencida. Otro hombre no puede avanzar durante el recorrido. De repente, su voz se quiebra, se detiene en el living y se larga a llorar. Las escenas varían en todo momento en la calle Lascano 2257, en el barrio de La Paternal. El contexto histórico: primera casa propia donde vivió Diego Armando Maradona.
El espacio lo comanda un apasionado llamado César Pérez, que en todo momento te envuelve la estadía con anécdotas inéditas de Maradona. La "Casa de D10S” es un museo que César creó en 2015 junto a su padre Alberto Pérez después de comprar la vivienda en 2008. La reconstruyeron tal cual era cuando allí vivieron la familia Maradona. Por eso, en cada detalle, en cada rincón, hay un Maradona que te traslada a diferentes etapas de su vida.
"¿La casa está abierta?", pregunta un chico subido a su bicicleta. Cuando los fanáticos están ahí, miran sin entender cómo los ambientes donde vivió Pelusa permanezcan intactos.
César es el director del museo y sabe bien que la casa tiene sentimientos. “Es nuestro orgullo y lo hicimos por amor a Diego. La gente cuando viene se desborda. Es impresionante la cantidad de cosas que dejan. Una locura. Más de 500 camisetas nos trajeron. Tengo que hacer un museo en otro lado con todo lo que nos dan".
¿Qué se nos viene a la mente cuando leemos o escuchamos de Maradona? ¿Desde qué óptica lo juzgamos? Las mismas preguntas pueden responderse ahí mismo.
“Este es el lugar en el que Maradona le cumplió su sueño a toda la familia. Fue su primer hogar”, señala César.
En Lascano 2257 vivió el Maradona adolescente. Pero cada paso es algo incierto a los Maradonas que podemos encontrar y vivenciar. Hay Maradonas que contagian liderazgo. Hay Maradonas que imponen fortaleza. Hay Maradonas que son gobernados por la alegría. Hay Maradonas apasionados, esos abundan cuando se avanza cada metro y se llega a lo que fue el living. Allí luce ambientado con sillones de la época y recortes periodísticos de aquí y de allá.
“Todos estos años fue un aprendizaje continuo. Yo soy bastante autodidacta. Percibo mucho, escucho, leo. El fenómeno Maradona hay que estudiarlo todo el tiempo. Sabés la cantidad de libros que tengo para leer que me traen”, explica César.
La cocina está intacta, como si Pelusa terminase de tomar una chocolatada para irse a jugar a la calle para nunca más volver. Al subir la escalera nos encontramos con el tesoro más preciado: su habitación y un silencio que va de la mano con un escalofrío que recorre cuerpos propios y extraños. Allí consta de juventud, de sesera fuerte y de pura gambeta. "Este es el lugar más fuerte de la casa, el más emotivo", dice César y señala la habitación de Diego.
Por el solo hecho de tener algo que le pertenecía a Maradona, a César lo contactan de todo el mundo y él todavía se permite soñar con llevar esa casa a un plano mucho más turístico. “Cuando estuve en Nápoles no me dejaron ir a un hotel, un chico me llevó a su casa y hasta me dio las llaves de su casa".
“Mi mujer viene los sábados y ahora me ayuda, entiende más todo esto. Hasta mis hijas le dicen 'el tío Diego'", confiesa. En lo que era la habitación de los padres de Maradona, hay más de 10.000 revistas. En todas, aparece algo de Diego. César las mira y todos los días piensa en darle un sentido a todo ese contenido.
Entre tantos comentarios que deja la gente en las paredes, hay uno que llama la atención: "Hoy usé el baño de Diego".
Los otros días, la casa recibió la visita de una escuela del barrio. Los chicos entraron al grito de: "Maradona, Maradona". César dice que sueña que más escuelas de fútbol y planteles profesionales visiten el lugar. "En la peor época de la pandemia llegamos a hacer un encuentro virtual con el plantel de Independiente Rivadavia de Mendoza”.
“Vinieron también de las embajadas de Kuwait, de la India, de Azerbaiyán. A veces pienso que cuando un equipo de fútbol se concentra dos días en un hotel, tendrían que venir a este lugar para que vean lo que fue el sacrificio de Diego y todo lo que consiguió", comenta César.
Algunos entran arrodillados al santuario, el lugar que sirve de veneración. "Los napolitanos que vienen jamás lo discuten. 'Messi es el mejor, pero Diego está en el cielo´", dicen.
“Trato de abstraerme de todo lo que es Diego, pero a veces no puedo. El otro día vino una sobrina de Maradona que está radicada en Chile. Ella tenía seis años cuando Diego vivía acá. Cuando se encontró con dos fotos en la cocina, gritó: “Esa soy yo, soy yo. Yo andaba en patines acá”.
"Al otro día compré unos patines de época y ya los puse", agrega César.
Es miércoles por la tarde y en el barrio algunos curiosos se detienen y hasta preguntan si el auto que está en la entrada se vende. Es un Ford Taunus de los 80, la réplica de uno de los autos que tuvo Maradona cuando vivía ahí. "Les tengo que decir que no está a la venta", aclara César. Un vecino, también da su mirada: "Diego se paraba acá en la entrada de la casa y le daba al número 2257. Volvía la pelota y él le volvía a pegar. Todos lo miraban y lo aplaudían”.
Maradona todavía vive en Lascano 2257.