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¿Qué hacer en San Antonio de Areco?

¿Qué hacer en San Antonio de Areco?

A tan sólo una hora de Buenos Aires por la Ruta Nacional 8, se puede llegar a San Antonio de Areco. Gracias a sus calles coloniales, el tiempo parece que se hubiese detenido y sólo se tiene que ir a la mesa de una pulpería para convencerse. Para quienes se preguntan qué hacer en San Antonio de Areco, se puede decir que lo que hay, es sorprendente y apreciable.

En su mayoría, la decoración que prevalece es la misma que hace un siglo, y casi nadie se podría decir que intenta cambiarla. Sin dejar nunca su boina, los gauchos andan en el pasar del tiempo, tomando una copa de vino para acompañar sus coloridas conversaciones. Para quienes aún no lo conocen, es atrapante conocer y descubrir qué hacer en San Antonio de Areco.

San Antonio de Areco: Tradición gaucha

Tanto las estancias como los pequeños pueblos rurales a su alrededor, que son Villa Lía, Duggan y Vagues, ofrecen siempre a cada visitante, una calurosa bienvenida. Las tradiciones las respetan con gusto y refinamiento, aunque quizás prevalece más el gusto, ya que cada comida da siempre la posibilidad de disfrutar de un típico asado argentino.

Los artesanos que hay en San Antonio de Areco, son otra de las distintas atracciones de la ciudad. Dedicados al mundo equino y más particularmente a los gauchos, es que realizan de una manera inigualable, los accesorios necesarios para los jinetes. Así también típicos cinturones decorados con monedas (las rastras), cuchillos de plata (más conocido como facón), botas de cuero y mates.

Según el humor que tengan, es posible que se los pueda ver trabajar en sus talleres. Y es que es algo particular que tienen como idiosincrasia el gaucho, donde nada se hace con prisa, más bien, el trabajo debe hacerse con pasión. Así es como a estos hombres se los cataloga no sólo como artesanos, sino como verdaderos artistas.

¿Qué hacer en San Antonio de Areco?

Para los amantes de la cultura y la historia pueden hacer una visita por la plaza principal, llamada Ruiz de Arellano. Allí es donde se encuentra la Parroquia San Antonio de Padua. Ésta, cuenta cómo los primeros conquistadores españoles, fueron trayendo materiales nobles desde Europa, y empezaron a edificar la ciudad a partir del año 1730.

La municipalidad actual, se encuentra frente a la Parroquia, es un antiguo edificio de estilo colonial. Desde su construcción en el año 1885, hasta su adquisición por la ciudad en 1966, perteneció a una de las familias más ricas del pueblo, que era la familia Laplacette. Hoy, es que se puede admirar un amplio patio, un pozo antiguo, azulejos de época y hierros forjados.

A muy pocos metros, se puede ver el Museo y el Taller de platería de la familia Draghi, que está abierto desde el año 1960. En la sala de exposición, debajo de la cúpula del edificio, se puede apreciar una colección impresionante de piezas gauchas del siglo XIX. Todas sus obras son bellas, y el 100% son de plata.

Así también hay una gran cantidad de facones y tiradores de gauchos, como piezas del recado completo de caballo. Sillas de montar, frenos, estribos y rebenques entre otros. Más de 30 plateros son los que se encuentran dispersos por toda la ciudad de San Antonio de Areco, y viven hoy todavía de este arte que comparten con los sogueros, los tejedores, los talabarteros y ceramistas.

Todos ellos se puede ver que son felices y orgullosos de presentar su trabajo a los turistas. Si se sigue en la misma línea del arte asociado a la figura del gaucho, se puede ir al Museo Las Lilas, que exhibe una selección de obras originales del pintor Florencio Molina Campos (1891-1959). Todas sus acuarelas, que fueron conocidas al principio por los calendarios que ilustraba para la marca Alpargatas, representan diferentes escenas de la vida del gaucho, el conocido guardián de la Pampa.

El museo presenta también otras tantas muestras de expresión artística, desde la época precolombina, hasta hoy. Si se sale a caminar por la costanera del río Areco, se puede cruzar el Puente Viejo, que fue construido en el año 1857 y es un emblema de la ciudad. De esa manera, se puede llegar al Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes. Éste, glorifica a la figura emblemática del gaucho y el famoso escritor, poeta argentino y novelista, Ricardo Güiraldes (1886-1927).

Se pueden recorrer sus 6 salas y la pulpería La Blanqueada. Se podrá observar una gran diversidad de obras, objetos y documentos antiguos, que cuentan la vida de Güiraldes, pero también los usos y costumbres que tenía el gaucho de ayer y el de hoy.

¿Dónde comer en San Antonio de Areco?

En San Antonio, se come rico. Dicen que es una ciudad que ofrece una gran diversidad de lugares donde comer, desde atractivas y abundantes picadas, hasta la cocina más refinada. Aunque la primera idea que tiene en mente el visitante cuando llega a San Antonio de Areco, es la de dejarse deleitar por un tradicional asado.

Para ello, hay un abanico de opciones, empezando desde la costanera del río Areco, se puede elegir sentarse en una de las mesas de la tradicional Pulpería La Lechuza, del amplio y sobrio Restaurante La Arcadia o de la cálida Parrillada La Porfiada.

A tan solo 300 metros del río, se encuentran una de las mejores mesas de la ciudad, en el Almacén de Ramos Generales y para los que son más curiosos y que les gusta aventurarse hasta el corazón de la ciudad, se recomienda el Mestizo, la Rossita o Zarza. Todos ellos, con una cocina más diversificada y moderna.

Para los que gustan comer en el medio de la naturaleza, pero sin alejarse demasiado de la ciudad, está La Casa de los Fogoneros, que es un excelente restaurante de la Estancia La Cinacina o Las Dueñas.

Un plus que ofrece San Antonio de Areco

Para los amantes de la chocolatería y los helados, está el Bar El Tokio en la plaza Arellano o a Dell’ Olmo. Nadie puede irse de San Antonio de Areco sin una parada en La Olla de Cobre, donde se elaboran los mejores chocolates y alfajores de la región.

Un auténtico bar de campo que es visitado por los paisanos de la ciudad, es La Vuelta de Gato, ubicado justo en frente al Museo Ricardo Güiraldes. Del mismo estilo, pero a solo 100 metros de la plaza Arellano, se encuentra el famoso Boliche de Bessonart que sorprende a cada visitante con su arquitectura y decoración cargada de historia.

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