Bettarel conserva en ese galpón materiales para la construcción que comercializa en un corralón ubicado sobre la avenida Presidente Perón.
El hombre se defendió ante la acusación de De Zán argumentando que el gato "se le había metido" y que le había ocasionado pérdidas económicas por orinar piezas de alto valor.
En su declaración contó que "temiendo que el gato muriera debido a la falta de comida y agua decide colocar una trampa. Cuando el sábado abre el taller el gato estaba dentro de la trampa. Toma el gato y sale a buscar al propietario para devolverlo. Se lo dio a un vecino para que lo cure".
Finalmente confesó que pudo haber puesto una jaula en vez de una trampa y repitió que fue él quien le salvó la vida al gato.