De esta manera, los productores vitivinícolas entienden que la merma en el poder de negociación frente a proveedores es nula, ya que al no contar con una herramienta de pago pierde el poder de decisión económica de compra, que se manifiesta en el incremento costo del insumo o servicio productivo que adquiere.
De acuerdo al Departamento Económico de CRA, las tasas de crecimiento en los costos de producción duplican en dólares a los precios de venta de las uvas producidas. Este atraso acumulado a través de los años trajo como consecuencia una pérdida de reinversión en las fincas y suspensión de las tareas de mantenimiento o secundarias. Como consecuencia, se ve afectada la productividad en el corto plazo y la sustentabilidad del sistema en el futuro.
“La solución se encuentra en la mejora de la competitividad real del sector, basada en la mejora de su calidad y productividad, que tendrá que ser fuertemente respaldada por el Estado, la reconstitución de capital de trabajo; insumos; la reconversión tecnológica necesaria; créditos a tasas que guarden relación con la actividad que los demanda y la formalización de un sistema de comercialización transparente con precios ciertos y plazos de pagos razonables”, propone Mario Leiva, presidente de la Sociedad Rural del Valle de Uco.
“Se deben reducir los costos financieros ocultos, que erosionan la rentabilidad del productor y su capacidad de reinversión, la creación de un esquema tributario no distorsivo y adecuado acorde a la escala productiva, así los pequeños productores que son los más afectados bajo estas inequidades”, subraya, “Si no se atiende prontamente esta situación el futuro cercano del vino más que tinto será negro”.