Opinión

El impacto del socialismo sobre la agricultura de Cuba

La limitación de la producción agropecuaria de Cuba no tiene que ver con recursos naturales o el clima, sino con la injerencia del Estado en la organización del sector, sostiene el economista Marcos Gallacher.
Marcos Gallacher
por Marcos Gallacher |
Según datos de la FAO

Según datos de la FAO, la producción agrícola por habitante actual es un 30 por ciento menor que la de la década de 1960.

La historia deja muchas enseñanzas sobre que funcionó, y que no, en relación a producción agrícola. En el Siglo XX, la producción mundial de alimentos aumentó considerablemente más que la población, en particular en países como los EEUU, los de Europa Occidental, Canadá y la Argentina, pero también a partir de 1970 en países de Oriente, y en especial la India y China. El resultado fue una mejora en la seguridad alimentaria de la mayor parte de las regiones del planeta. El problema de una alimentación de calidad y previsibilidad si bien no ha desaparecido, se ha reducido en forma significativa. A modo de ejemplo, entre 1970 y 2010 la disponibilidad de calorías para alimentación humana aumentó en un 25 por ciento en África, y 40 por ciento en Asia. Pero los éxitos estuvieron también acompañados por fracasos, en muchos casos con dramáticas consecuencias. La colectivización de la agricultura en la Rusia soviética (década de 1920) y en la China maoísta (1959/60) resultaron en - según las fuentes - entre 15 y 50 millones de muertos por hambrunas generalizadas. Severas crisis alimentarias han ocurrido también en el continente africano, en muchos casos como consecuencia de guerras y conflictos civiles.

En relación al impacto de derechos de propiedad y funcionamiento de mercados sobre la producción agrícola Cuba resulta un caso de singular interés. Al respecto, según estadísticas de FAO, la producción por habitante actual es un 30 por ciento menor que la de la década de 1960. Como resultado, la isla depende en forma creciente de importación, en particular de la Unión Europea, los Estados Unidos, Canadá, la Argentina y otros países. A diferencia de lo que ha ocurrido en la mayor parte de los países del mundo, la situación de seguridad alimentaria de Cuba parece haber empeorado. Puede argumentarse que las condiciones agroeconómicas de la isla presentan restricciones (en particular, suelos subtropicales frágiles y de baja fertilidad, frecuencia tanto de excesos como de déficits hídricos, tormentas tropicales). Sin embargo, países con condiciones al menos en parte similares han logrado mantener o aún aumentar la producción per-cápita de alimentos. Por ejemplo, en las últimas dos décadas la producción agrícola por habitante aumentó 31, 34 y 13 por ciento respectivamente en Colombia, Guatemala y Honduras, cayendo solo levemente (3 por ciento) en Ecuador. En contraste, en el mismo período la producción de la isla cayó 16 por ciento.

Las evidencias sugieren entonces, que no es el bajo pH o la baja fertilidad de los de los suelos, la severa erosión hídrica frecuente en climas subtropicales o los caprichos del clima los que limitan los incrementos de producción, sino algo más profundo: la organización del sector.

Si bien Cuba ha hecho modestos avances en cuanto a liberalizar los mercados agrícolas (incluyendo el de la tierra), resta mucho por hacer. La provisión de insumos (fertilizantes, maquinaria, pesticidas, combustible) sigue mayormente en manos de una red estatal. La asignación de los stocks disponibles de estos insumos resulta entonces de decisiones administrativas, lo cual dificulta enormemente que sean empleados en el uso más provechoso. La tierra sigue siendo de propiedad estatal, aun cuando se ha avanzado en otorgar usufructo (por 10 años) a agricultores. Si bien esto representa un progreso, sigue limitando los incentivos para la inversión en mejoras de diverso tipo.

Cuba cuenta con seis millones de hectáreas de tierra agrícola, y tiene una población de 11.3 millones de habitantes. Estimaciones realizadas en diversas situaciones productivas sugieren que una hectárea de tierra agrícola puede producir alimentos para no menos de 5 personas por año. Si estas estimaciones son razonables, Cuba debería poder alimentar a su población con menos de la mitad de la tierra agrícola disponible. Y le quedaría un saldo para exportar. Pero para que este potencial productivo se logre hace falta tecnología moderna y acceso pleno a mercados tanto de insumos como de productos. Las condiciones están dadas: en Cuba, el sector campesino, que opera con mayor libertad que el de las cooperativas o empresas estatales, produce dos tercios de los alimentos consumidos en el país, empleando para esto sólo un cuarto del total de tierra. No le falta entonces al agricultor cubano energía ni ganas de trabajar. Sólo pide libertad para hacerlo.

El autor es economista de la Universidad del CEMA

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