La tecnología juega un papel central en este último punto. Y no me refiero únicamente a tecnología “dura” como la compra de cosechadoras, tractores, sembradoras, etc, sino al uso de plataformas digitales que permitan conocer, evaluar y comparar indicadores, así como también a la aplicación de inteligencia artificial y robótica para ganar eficiencia y orientar las prácticas de manejo para sacar el máximo potencial productivo de cada ambiente.
Las organizaciones internacionales más importantes toman nota de esto: la ONU informa que la población mundial superará los 9.000 millones de habitantes en los próximos 30 años y que la demanda de productos agrícolas se incrementará un 70%. Y propone una solución; recurrir a la inteligencia artificial para los procesos de producción actuales y así triplicar la producción de alimentos sin ampliar la superficie.
Los productores agropecuarios argentinos, más que en ningún otro país en el mundo, deben tener a mano datos de mercado en tiempo real para tomar mejores decisiones: rendimientos de cultivo, precio de venta y comercialización de granos, costos de semillas, fitosanitarios y fertilizantes, entre otros inputs informativos; entender qué funciona y que no en su zona, mirar el ecosistema productivo para tomar ideas y nivelar su producción “hacia arriba”, con espíritu de cooperación y no de competencia.
Para eso es necesario generar un cambio de mentalidad y apostar a la innovación colectiva. Es necesario que los productores desarrollen una mirada comunitaria y trabajar unidos, potenciados por los datos y pensándose como un sector indispensable para la recuperación de Argentina. Solo así podremos convertir las brechas productivas en oportunidades de crecimiento.
El autor es CEO de Agrology