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"Diario de un albañil", de Mario Castells.
Castells cursó Letras en la Universidad de Rosario, pero no terminó de estudiar. Desde los 14 años trabajó como albañil, pero cuando fue más grande y no pudo conseguir trabajo volvió a las obras. Dos caminos que estuvieron juntos: la academia y la construcción.
"Diario de un albañil" nace a partir de los posteos que hacía Castells en su muro de Facebook. En el muro de la virtualidad se construyó este libro que sorprende por su honestidad y su justeza.
La narrativa de los albañiles no es muy variada. Reincide siempre en los mismos tópicos: la guita, las conquistas amorosas y el gorreo (hay una fascinación extraordinaria con esta práctica), las grescas y el reviente.
Para Castells, sin embargo, no hay una idea antagónica entre el trabajador y el escritor: “La gran mayoría de los escritores de mi generación tienen otros oficios: hay pileteros que escriben, jardineros que escriben. Hasta no hace mucho tiempo el periodismo era un refugio para los escritores, pero ya no es tan así”. Abelardo Castillo solía dar una lección a sus alumnos en sus talleres de escritura. "No digas que sos escritor, decí que sos cualquier otra cosa. Electricista, plomero, lo que sea, pero escribí".
Además de costumbres y rutina cotidiana, en el "Diario de un Albañil" hay también espacio para la denuncia y la mirada crítica.
Como cuando narra un accidente en una obra. Primero lo cuenta como una anécdota más, pero enseguida aclara:
“Hablando en serio: es un problema mayor el tema de la siniestralidad en los lugares de laburo. Y la construcción debe ser el peor de todos los sectores por la cantidad de accidentes. Miles de muertes de obreros que no son sino un número estipulado en un documento Excel como costo laboral”.
En otro fragmento Castells se reconoce como un intruso de ese mundo. “'Este escucha y anota todo', decían mis compañeros. Pude ver que ese espacio era representable. Hay frases y palabras bellísimas 'escalla', 'mojinete', 'dinteles'. Yo escuchaba ese lenguaje y me resultaba atractivo. Además, a partir de 2001 o quizás antes, tanto en la narrativa como en el cine, la idea de las representación de los sectores populares se hizo más presente", explica Castells.
También hay una mirada crítica para la UOCRA ("el peor sindicato del movimiento obrero argentino") y a la idea individualista de los trabajadores ("hay una derechización de los trabajadores. En todo aquel que quiere mejorar las condiciones de vida ven a un enemigo. Todos se quieren salvar solos").
Castells tiene más libros escritos, entre ellos el poemario Fiscal de sangre, la novela El mosto y la queresa (ganadora del premio "Ciudad de Rosario" y la crónica Trópico de Villa Diego.
"Diario de un albañil" es una gran puerta de entrada para la obra de Castells. Y también para un mundo cotidiano que todos tenemos a la vista, y que sin embargo desconocemos. Por ejemplo, hoy es viernes. Y esto pasa en una obra.
Los viernes son muy alegres, definitivamente son los días más lindos de la semana. Empieza el agite y cobramos nuestra guita. Y más aún cuando asoma la primavera en la ciudad y es esplendorosa: nos hace olvidar por un rato todas las miserias de la vida cotidiana. Hoy cuando se llevaron el volquete, como un regalo de la primavera, sacamos el cerco de la obra. Los pibes tuvieron vista libre para disfrutar de las chicas y eso devino en muchas historias de galanes garchadores en el almuerzo.
Está bueno, debo decir, que los cambios culturales, que fueron coercitivos, porque cuando no había participación del Estado nadie les daba bola a esas contravenciones, hayan logrado que los albañiles no se sarpen diciendo guasadas, acosando a las transeúntes. No es ni el principio del fin del machismo, pero lo celebro. Y dentro de lo tremendo de la problemática es un pequeño avance.