El desarrollo del pleito fue sumamente adverso para el argentino de 27 años, quien llegaba con un récord de 95 victorias, cuatro derrotas y dos empates. Jackson dominó la contienda gracias a su guardia zurda y alcance, provocándole serias heridas en el rostro. “Tenía dos tajos en cada párpado, la boca rota también. Estaba liquidado”, recordaba el propio Castro sobre ese momento en el que el médico estuvo a punto de parar la pelea tras el octavo asalto. Sin embargo, su manager Luis Spada le pidió al profesional: “¡Dele el round de campeón!”, y el árbitro sudafricano Stanley Christodoulou le permitió continuar.
A falta de un minuto para terminar el noveno asalto, cuando el argentino estaba acorralado sobre las cuerdas y muy abajo en las tarjetas, sacó un zurdazo milagroso que impactó en la barbilla del estadounidense. “Yo tiré la derecha para noquearlo y lo agarré con la izquierda. Cuando uno tira una mano, vuelve con la otra. Lo agarré con la izquierda en la punta de la pera y se le apagó la luz”, relató el Roña. Jackson cayó, se levantó tambaleándose y volvió a ser derribado dos veces más antes de sellarse el nocaut técnico.
Por qué esa pelea con Jackson quedó marcada como un hito imborrable
La dramática victoria de Castro fue galardonada por la prestigiosa revista The Ring como la mejor pelea y el mejor round de aquel año. Bautizada como "La Mano de Dios", la acción tuvo el reconocimiento del propio Diego Armando Maradona durante una cena en la que ambos compartieron anécdotas sobre sus hazañas deportivas en territorio mexicano.
Años más tarde, en 1998, el santacruceño volvió a vencer a Jackson por decisión unánime en Cipolletti y tiempo después se reencontraron con afecto en el Madison Square Garden. Al rememorar la vigencia de aquella noche inolvidable en Monterrey, el Roña había dejado una frase que hoy resuena como su propio epitafio: “Me voy a morir y esto va a seguir vigente. Es una pelea histórica para los argentinos y para el mundo”.