El color morado en el feminismo tiene sus comienzos hacia el siglo XX, pues fue elegido por las sufragistas inglesas junto al color blanco y el verde, para reivindicar sus acciones en 1908. Este color estaba inspirado en la nobleza inglesa.
Miles de mujeres inglesas reclamaron el reconocimiento al voto femenino con protestas que fueron en aumento. Finalmente, el derecho al sufragio fue reconocido en 1917, aunque solo para mujeres que tuviesen más de 30 años.
Otra teoría con respecto al origen y uso del color morado como símbolo de apoyo para las mujeres, data de 1908 en Nueva York. Un grupo de 129 mujeres trabajadoras manifestaron con una huelga por las condiciones de trabajo. El dueño provocó un incendio en la fábrica con las mujeres dentro y murieron atrapadas. Se dice que las telas que trabajaban las mujeres eran de color morado.
Por otro lado, otra versión dice que los testigos del incendio aseguraron que el humo que salía de la fábrica, que fue visible a kilómetros de distancia, tenía un color morado. Por lo que se adoptó ese color en homenaje a las mujeres fallecidas.